Julio se quejaba porque Fernández operaba con sus amigos de Clarín. Fernández ventilaba a los medios de comunicación que pasaban cosas raras con todo ese ministerio, con De Vido en la conducción; José López en la obra pública; Ricardo Jaime en Transporte; Daniel Cameron en Energía.
Hoy, por arte de magia, Alberto Fernández, candidato a presidente en fórmula con Cristina, parece haber olvidado esas viejas discusiones éticas. ¿O será que no le gustó que la esposa de Julio De Vido, Alessandra Minicelli, escribió: "Para quienes no lo sepan, la 'maniobra' que se le imputa a Julio De Vido en esta causa, para 'direccionar' la obra pública a la Provincia de Santa Cruz, consiste en haber firmado las planillas de redistribución presupuestaria, un trámite administrativo y habitual en su gestión como ministro, que realizaba junto con el ministro de Economía y el JEFE DE GABINETE".
Pregunto: ¿Estará mal detenido también el ex vicepresidente Amado Boudou condenado por quedarse con la imprenta Ciccone a través de su testaferro Alejandro Vandenbroele? ¿Es Boudou un preso político del macrismo? Uno puede hasta reírse de la falta de coherencia en la opinión de Alberto respecto a la gestión de Kicillof. Antes era el peor Ministro de Economía de la historia argentina. Hoy, está para el premio Nobel.
¿Con cuál Fernández me quedo? ¿Con el que me comentaba en los programas de televisión el triste final del kirchnerismo con los bolsos de la familia Báez y un vicepresidente robándose imprentas? ¿O con el que habla ahora de revisar fallos "arbitrarios" para que los muchachos recuperen la libertad? Tal vez, conviven en él el Doctor Jeckyll y el señor Hyde.