Uno avisó que se va, el otro no es parte de las decisiones de gestión, los radicales la ven pasar y Carrió ya definió su propia estrategia. Las miradas apuntan a Mario Quintana y le piden que dé la cara.

El quiebre se dio a partir de diciembre, cuando el gobierno entró en su primera crisis importante con la reforma previsional. En ese momento llamaron a Frigerio y Monzó para pedirles ayuda con los votos. Desde entonces, el equipo de “gestión” copó la parada y dejaron de consultarles. Hubo una decisión explícita: avanzar con la gestión, cerrar el Congreso y acortar los diálogos colectivos con los gobernadores, limitándolos a reuniones bilaterales.

Esto corrió a un segundo plano a los sectores más políticos de la coalición: Rogelio Frigerio (único con despacho en La Rosada), Emilio Monzó (líder en Diputados) y también a algunos líderes radicales como Mario Negri o el propio Ernesto Sanz, fundador del espacio Cambiemos.

Antes de la crisis que se desató con la disparada del dólar, Monzó fue a decir que no aguantaba más y en lugar de pedirle que se quedara, lo dejaron ir y le aceptaron que vaya de vacaciones a una embajada.

Frigerio, el bombero

Sin llegar a ese extremo, algo similar sucede con Rogelio Frigerio. Macri lo considera una herramienta necesaria y tiene un lugar importante en el Gabinete con trato diario con el Presidente. Pero apenas funciona como un bombero que resuelve operativamente las cuestiones que le piden (o que él mismo considera). Pero no es parte de las decisiones diarias del Gobierno: la gestión y la comunicación están a cargo de Peña y sus vices Quintana y Lopetegui.

“Frigerio aparece cuando los ministros la chocan”, explica un funcionario ligado al ministerio. El problema que observa el ala política es que los ministros no tienen sensibilidad política; cuando se juntan con los gobernadores y otros actores de poder, plantean las cosas de manera brutal y unilateral sin escuchar las ideas –y necesidades- de los interlocutores.

Cuando el ala política hace una intervención se les contesta: “No sean tan buenos, no acuerden”. Así todo este ala tiene poco margen de maniobra para cumplir sus compromisos. Solo recurren realmente a ellos en momentos extremos: “Para contener a propios y ajenos”, define un funcionario.

La bronca es fundamentalmente con Mario Quintana, aunque es extensiva al resto del tridente (“los ojos de Macri”). “Toma decisiones y cuando hay que poner la cara no aparece”, se quejan. El tema excede a la rosca política: ni siquiera da entrevistas para explicarle a la sociedad sus medidas.

"Son dos coordinadores que dan ideas, mandan pero no firman. Muy encerrados en sí mismos. recién ahora están escuchando un poco más", opina un importante miembro de la coalición de Gobierno.

Pese a eso Frigerio sigue adelante sin meterse en las internas palaciegas. Les ordenó a sus funcionarios “salir a poner la cara para bancar a Macri”…

Los gobernadores se quedaron sin agua

Formalmente el ala política volvió a escena con las reuniones que mantuvieron en las últimas horas Macri y los gobernadores, de las que participó Frigerio. El jueves hubo un encuentro que dejó sabor a poco, pese a los intentos oficiales por disimularlos.

El disgusto de los gobernadores arrancó de entrada: era un almuerzo y terminó siendo un “agua mineral”. Parece una nimiedad, pero las formas son importantes.

El discurso oficial fue que los gobernadores que fueron apoyaron la idea de recurrir al Fondo Monetario y que ellos darían las señales necesarias para no generar ruido en el mundo. Incluso intentaron quitarle dramatismo al encuentro: “Era una reunión que estaba agendada de antes”, explicaron. La muletilla de siempre para evitar hablar de crisis.

Las señales de apoyo, si las hay, serán muy blandas. Por ahora, apenas la foto; ninguno de los gobernadores involucrados habló públicamente del tema. En privado, también fueron bastante reservados.

A24.com habló con los entornos de todos los gobernadores que participaron del encuentro. Según se pudo reconstruir, los gobernadores mostraron diferencias con el pedido al Fondo, pero acordaron no decir nada: “no es momento para generar más incertidumbre en la población”.

Todos ven un escenario recesivo.  Creen que con la suba de tarifas por las nubes, las tasas al 40% y el dólar a más de 23, el escenario económico será complicado, no solo para la Nación sino también para las provincias que van a ver caer la recaudación.

Córdoba planteó que si bien tiene las cuentas ordenadas ahora tendrá que posponer ciertas búsquedas de financiamiento que tenía pautadas para este año.

El gobernador de Entre Ríos, Gustavo Bordet fue cauto. Valoro el encuentro. “En momentos críticos tenemos que ser responsables oposición y oficialismo”, dijo a sus allegados. Pero está preocupado por un eventual recorte de la obra pública. Y dejó algo claro: “Los gobernadores no cogobiernan. Tienen que hacerse cargo del destino de sus propias provincias”. Algo similar planteó a los suyos Juan Manzur, de Tucumán.

"Cuidado con los peronistas. Dan dos pasos adelante y uno atrás. Veo mucha ingenuidad o necesidad de creer. Pensaron que estas cosas solo nos pasaban a nosotros", dice un viejo lobo radical. 

La elección de Macri

La explosión de la nueva/vieja crisis vuelve a poner en evidencia los problemas de gestión del Gobierno de Cambiemos y la falta de coordinación del “mejor equipo de los últimos 50 años”. Sin embargo la decisión política de cómo armar ese equipo está en las manos del Presidente Macri.

Y Macri ya eligió un modelo empresarial: en el centro de la escena no está, por ahora, el equipo político. La única, como siempre, que decidió desmarcarse fue Elisa Carrió: ausentó a su bloque en el debate por tarifas y ya avisó públicamente que no va a seguir más los consejos de Durán Barba y mandó a toda su gente a defender la gestión.