A altas horas de la noche, adentro de la presidencia estaban Mario Meoni (ministro de Transporte) y Malena Galmarini, esposa de Massa y titular de AySA.
También estaba dando vueltas el ministro de Agricultura, Luis Basterra, un conocedor de los pasillos del Congreso: hasta hace una semana era vicepresidente del bloque del Frente para la Victoria.
Basterra negociaba. Estaba en contacto permanente con las entidades del campo. Todas las propuestas que le mandaban eran inviables, a su criterio: tenían enorme costo fiscal y no cerraban políticamente.
A pesar de eso, Basterra en ningún momento cortó diálogo con las entidades del campo. Aunque sea para decir que no, a veces con explicaciones más largas; a veces con un simple ok por Whatsapp.
Sí, en cambio, hubo margen en cambio para otras concesiones. Córdoba pedía una declaración explícita de que habría una mesa de trabajo con el campo. Una medida sin costo fiscal y bastante aceptable para el Gobierno.
También aceptaron beneficios para los productores agrarios más lejanos a los puertos y poder acercar así a diputados aliados del interior. “Una cosa es votar una ley antipática pero llevarse algo a cambio; y otra votar y no llevar nada”, explica uno de los negociadores.
Al final el artículo 48, de las polémicas retenciones, se aprobó con 129 votos. La flexibilidad del oficialismo fue fundamental para conseguir ese número.
Massa transcurrió su primera sesión conflictiva sin mayores sobresaltos. Retó a varios diputados por los tiempos, fue duro con los que leían discursos (algo prohibido por reglamento), les habló a los diputados por su apodo e intentó mostrarse siempre como un garante de los compromisos.
Alrededor de las 2 de la mañana, diputados oficialistas empezaron a sentarse en sus bancas (todavía faltaban 4 horas para votar) lo que provocó sobresaltos en la oposición. ¿Querían apurar la votación? "No voy a habilitar la votación del cierre del debate", dijo Massa para tranquilizar. Lo logró.
También elogiaron cerca de Massa la tranquilidad en las calles. Aunque desmentían haber pedido ellos el vallado sobre el Congreso. “La seguridad estaba a cargo de la Ciudad”, decían.
Hubo 132 oradores anotados, sin contar a los miembros informantes y jefes de bloque. La discusión fue 100% política; no se debatieron los detalles del proyecto. La mayoría de los discursos se referían, según corresponda, al “desastre económico” de Cambiemos o a la delegación de facultades. “Solo podemos hacer discursos políticos. No pudimos estudiar el proyecto en menos de un día”, se quejaba un legislador de Juntos por el Cambio.
Fue una sesión larga, muy larga. Pero con menor tensión a la que se acostumbraba en Diputados. El oficialismo impuso su número y la coalición funcionó sin fisuras.
Ahora queda el Senado. Y Alberto contará con la ley madre para poder gobernar, al menos, los primeros 3 meses de su gestión. Luego vendrán otros desafíos.