Pone el cuerpo

Felipe Solá, un sobreviviente del peronismo que se prepara para manejar la diplomacia argentina (y lidiar con el golpe en Bolivia)

Nicolás Poggi
por Nicolás Poggi |
Felipe Solá, un sobreviviente del peronismo que se prepara para manejar la diplomacia argentina (y lidiar con el golpe en Bolivia)

Peronista de estancia. Intelectual del movimiento. Inquilino de las distintas etapas. Aliado de Mauricio Macri. Confidente del presidente electo. Felipe Solá aprovecha la carambola que lo dejó en la mesa chica del albertismo y lo puso a las puertas de la Cancillería, un cargo inesperado para un dirigente de su perfil y que podría marcar el cierre dorado de una larga trayectoria en la administración pública y el peronismo.

Nunca puede darse por clausurado el recorrido de un político peronista. A sus casi 70 años, Solá se encuentra hoy ante la posibilidad firme de convertirse en el nuevo ministro de Relaciones Exteriores, desde donde deberá lidiar no sólo con Estados Unidos y su adyacente acreedor, el FMI, sino también con un mundo volcado al nacionalismo y a las crecientes manifestaciones de derecha. Y, claro, con el golpe de Estado en Bolivia y la inestabilidad en la región.

Aunque tratándose de un presidente como Alberto Fernández, con reflejos de Néstor Kirchner en el sentido de que decide sobre su propio discurso y querrá ser su propio ministro de Economía y su propio canciller -según revelan en su entorno-, a Solá podría alivianársele la carga. El ex gobernador tiene experiencia en apartarse del lugar de acción para no poner en riesgo el status quo.

Trayectoria

Nacido en Recoleta, graduado como ingeniero agrónomo en la UBA, Solá formó parte del peronismo renovador cuando Antonio Cafiero lo nombró en 1987 ministro de Asuntos Agrarios de la provincia (hoy Felipe trabaja con Santiago, nieto de Don Antonio). Pero, en 1989, el joven dirigente dio el salto que dio la mayoría del peronismo y se sumó al gobierno de Carlos Menem como secretario de Agricultura, Ganadería y Pesca, tras lo cual tuvo una incursión como diputado nacional para regresar, en 1993, a ese mismo cargo.

En 1999 Solá acompañó a Carlos Ruckauf en la fórmula para la gobernación. Desde ahí empezarían los plot twist que siempre lo depositaron en la línea de largada. Crisis del 2001 mediante, Ruckauf fue designado canciller por Eduardo Duhalde y abandonó la provincia, lo que dejó a Solá al frente del Ejecutivo. En 2003 fue reelecto con Graciela Giannettasio como vice.

A diferencia de sus predecesores peronistas, el nuevo gobernador impulsaría una agenda “progre” en el distrito más difícil del país. Entre sus ministros estuvieron Florencio Randazzo (Gobierno), León Arslanián (Seguridad), Juan Pablo Cafiero (Trabajo), Martín Lousteau (Producción) y Adriana Puiggrós (Educación). Había nacido el “felipismo”, una identidad que nunca dejó de hacerse sentir en La Plata y que hoy se reconfiguró en el “albertismo”.

Claro que también tuvo sus intenciones reformistas y, en 2007, amenazó con hacer valer una interpretación constitucional que lo habilitaba a un tercer mandato consecutivo (por haber sido vice a cargo durante su primer mandato). Finalmente desistió y aceptó ser cabeza de lista de diputados del Frente para la Victoria. Néstor Kirchner se había decidido por Daniel Scioli para ese puesto. Después de una reunión en Casa Rosada, alguien anunció esa decisión junto a Solá en conferencia de prensa: el propio Alberto Fernández.

Divorcio

Si bien Solá solía repetir que su presencia en la boleta “engalanaba” la lista de diputados, el conflicto por la 125 supuso la separación con el kirchnerismo. El ex gobernador votó en contra (incluso fue llamado “traidor” por Carlos Kunkel durante una sesión) y, un año después, conformaría Unión Pro en una alianza de lo más variopinta con Francisco De Narváez y un ambicioso Mauricio Macri. En 2009 renovó su banca por la oposición, en las elecciones en las que Kirchner y Scioli perdieron por “muy poquito”. Pero al poco tiempo dejó esa tríada (que no llegó a nacer) y se incorporó al llamado peronismo federal.

En 2013, con la irrupción del massismo, Solá se sumó al Frente Renovador y volvió a ratificar su permanencia en la Cámara de Diputados. Se presentó en 2015 como candidato a gobernador, pero quedó en tercer lugar (igual que el propio Massa en esas presidenciales). Era el turno de Macri, de María Eugenia Vidal y de Cambiemos. Pero no hubo pánico porque, siempre de la mano de Massa, Felipe volvió a renovar su banca en 2017.

Aspiraciones

El año pasado fue quizás el más extravagante de la larga trayectoria de Solá. Ya alejado de Massa en favor de la unidad peronista, el ex gobernador se alió a Victoria Donda para conformar la alineación progresista “Red por Argentina”, una plataforma por la que, aseguraba, sería candidato a presidente. Había llegado su hora. El experimentado dirigente recorrió la provincia, el país y hasta llegó a lanzar su postulación. Pero la alquimia concretada por Cristina con la candidatura de Alberto juntó los pedazos sueltos del peronismo y les puso un cerrojo. Solá anunció que se bajaba porque la “unidad estaba garantizada”.

De ahí a aparecer en todas las reuniones y viajes de Alberto hubo un solo paso. De golpe, Solá se bajaba de los aviones junto al candidato, hablaba por él y lo acompañaba en todas las visitas al exterior. ¿Qué perfil podría tener como canciller? “Lo que se espera de él es que, por sus características, sea moderado, más moderado que Alberto. Para eso lo eligieron. Además de su experiencia y trayectoria, la mesura es un factor clave”, le dice a A24.com un escolta del albertismo. Le destacan, en ese aspecto, ser “peronista clásico” y no uno “ideologizado”.

Y proponen un ejercicio: “Si se lo compara con los últimos dos cancilleres del kirchnerismo (Jorge Taiana y Héctor Timerman), si bien ambos fueron buenos, la diferencia con ellos es que Felipe va a ser más pragmático, más ‘mercado friendly’, ni antisistema ni antimperialista”. “Va a haber negociaciones complicadas y hará falta gente de temple”, apuestan.

¿Y Bolivia y la región? “Esa experiencia anticipó tomas de posiciones y aceleró procesos sobre el rol que Alberto quiere proponerle a América Latina -reafirman en el entorno del presidente electo-: una línea cada vez más sólida y directa de Argentina con México, ayudando a pacificar por vía democrática a los países vecinos. Para nosotros fue claro que en Bolivia hubo un golpe de Estado”.

Sobre ese punto, anticipan un posicionamiento “contrario” a la “línea dura” de Jair Bolsonaro en Brasil y, a escala mayor, Donald Trump en Estados Unidos. El albertismo quiere que, desde México, Andrés Manuel López Obrador sea el “referente” de esa postura, que a su vez es “equidistante” de Venezuela. Ese es el manual de instrucciones del nuevo gobierno. Si finalmente Solá no es designado canciller, al menos se movió todo este tiempo como si lo fuera. “Unidad” como respuesta a todo.

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