Emocionante

El gen peronista, los caprichos de Macri y la irremediable repetición de una historia ya vivida

Pablo Winokur
por Pablo Winokur |
El gen peronista, los caprichos de Macri y la irremediable repetición de una historia ya vivida

Macri, caprichoso, se aferra a las pocas ideas que le permiten diferenciarse del kirchnerismo. En sus pesadillas aparece el cepo cambiario como el límite infranqueable. Sabe que sus promesas de inflación baja, de un mercado abierto y de pobreza cero ya no existen. Se aferra a alguna bandera que le queda. El riesgo mayor es terminar con otra corrida, cepo, más devaluación, hiperinflación, helicóptero...

El peronismo lejos de espantarse frente esa situación mira de costado cómo Macri se cae, con cara de yo no fui. No hay apuro por derribarlo; tampoco ninguna intención de sostenerlo. Sus dirigentes hablan como comentaristas de una realidad que les es ajena, como si no hubieran sacado el 50% de los votos, como si no controlaran la mayoría de las provincias y la mayoría en el Congreso. “El que gobierna es Macri”, repiten desde todos los sectores del frente.

En su momento de mayor debilidad Macri pide ayuda, busca la “socialización de costos políticos”. El peronismo levanta las dos manos como diciendo "yo no tengo nada que hacer". “¡Qué cambie sus políticas!”, le piden. Como si eso fuera posible para un presidente sin respaldo popular y que se está yendo. Ya no hay mucho por hacer más que aguantar.

El discurso de que es “Macri el que gobierna” y que “Alberto no tiene nada que ver todavía” pegó tan profundo que hasta Marcelo Tinelli se hizo eco. "El que gobierna es Macri, no Fernández, Fernández es un candidato”, dijo al aire. Luciana Salazar (Sí, ¡Luciana Salazar!) le contestó que los dos tienen que pensar en el país. Puro sentido común. Tinelli respondió, siguiendo el libreto peronista: "Fundamentalmente quien gobierna. El otro, si llega en la elección, pensará en el país más adelante". Como si no tuviera responsabilidades hoy.

Macri aprovecha todo esto para victimizarse. Si no logra llegar al final de su mandato, sabrá a quien apuntar. Alberto les da letra. Dijo que no iba a hacer más declaraciones y le dio una entrevista al Wall Street Journal: "Argentina está en un default virtual y escondido". Por suerte en la Argentina nadie lee diarios extranjeros.

El peronismo dice sin decir que el final es inevitable. Como si ellos no fueran parte del problema y si no fueran parte de la solución. Piden que Macri abandone la campaña, como si no tuviera derecho a intentar representar a esa porción (minoritaria) del electorado que lo representó. El peronismo otra vez vuelve a la idea del vamos por todo.Necesita ganar y dejar al país sin oposición.

El rey desnudo

Los sistemas democráticos se construyen sobre una ilusión. De que hay un mandatario que tiene el apoyo popular para tomar decisiones que deben ser respetadas por todos. Ese mandatario (el presidente en este caso) controla el Estado, que tiene el monopolio de la fuerza pública (es decir, la policía y las fuerzas armadas), la potestad de imponer y cobrar impuestos y repartir (o no) dinero. Hoy esa ilusión está rota.

El problema es político. Siempre fue político. Macri creyó que el apoyo en 2015 era a él, hiciera lo que hiciera. Que el apoyo era al modelo económico que traía en su cabeza y que nunca explicitó. Que su sola presencia traería lluvia de inversiones que nunca llegaron. Que bajar la inflación era fácil porque los actores del sistema confiarían en él. Nada de eso pasó.

Macri ganó las elecciones en 2015 prometiendo la felicidad. Se olvidó de que nunca había hablado con sus votantes acerca de su plan. Tampoco lo sinceró al asumir el poder. Sin decir palabra, creyó que la gente lo entendería por osmósis. Nunca explicó y hasta último momento seguía insistiendo en que la gente entendía y comprendía el rumbo que estaba tomando su gobierno. Pero no lo entendía; quizás porque faltó didáctica. El expresidente de Brasil Fernando Henrique Cardoso solía decir que gobernar es explicar.

O quizás la gente no lo entendió porque su modelo era impracticable. Porque el problema era político. Porque la salida a los problemas económicos que tenía la Argentina era a través de la política y no de las finanzas. Había que construir un acuerdo lo más amplio posible. Pero no se quiso porque con él solo, con Macri, alcanzaba.

Macri construyó todo su castillo de arena en base al poder económico del sector financiero que lo acompañaba; al principio mucho, después con altibajos, luego a alto costo. Y de alguna manera, mejor o peor, se llegó a agosto con acompañamiento basado en una premisa: Macri podía ganar la reelección y eso era muy conveniente para todos. Cuando perdió por 15 y toda la burbuja estalló.

Ahora el problema es económico y político. Porque la Argentina tiene un presidente que ya no puede gobernar y un candidato que todavía es candidato.

Nadie puede asumir. No se pueden adelantar las elecciones porque constitucionalmente se deben hacer “dentro de los dos meses anteriores a la finalización del mandato”. En su misma coalición de gobierno ya no confían en él para esta etapa. Las últimas declaraciones de Cobos son una muestra pero algo parecido pasa en el PRO.

El problema es siempre político. De la Rúa llegó al poder montado sobre una coalición de gobierno, que se encargó de enterrar a los dos días de asumir; en su primera crisis fuerte, en lugar de recostarse sobre su propia coalición, profundizó la ruptura.

Una vez que perdió las elecciones de 2001 (eran legislativas en aquel momento) intentó generar un gobierno de unidad nacional con el peronismo. Pero en momentos de debilidad nadie quería cogobernar con De la Rúa.

La situación es parecida. Macri asumió en una coalición. Nunca quiso compartir el poder con esa coalición. Nunca quiso convocar a un gran acuerdo ni a los propios ni a los ajenos. En momentos de máxima debilidad convoca a la oposición a hacerse corresponsable del “reperfilamiento” de la deuda.

Es difícil que la oposición vaya a aceptar hacerse cargo de esa responsabilidad. ¿Por qué compartir los costos políticos con un presidente que ya se va? Alberto tendrá que tomar medidas difíciles cuando asuma. Para eso solo tendrá unas pocas balas. ¿Por qué gastarlas ahora de antemano? No es (solo) egoísmo; es también responsabilidad política frente al gobierno que le tocará asumir.

El gen peronista

Pese a eso, no queda claro para qué Alberto Fernández hace declaraciones sobre el default a un diario norteamericano. Su equipo de comunicación se encargó de decir que no era tan distinto a lo que había dicho el lunes en declaraciones radiales. Hay cierto alivio en una parte del equipo de Alberto: esta semana se va de viaje a España.

Desde el Instituto Patria descreen que las declaraciones de Alberto generen ruido. Y en este plano hasta defienden a Macri. Ya no importa las declaraciones que ambos hagan: “Las turbulencias las genera el modelo”, aseguran. Es cierto, el paciente está mal. Pero unos analgésicos ayudarían a que se calmara.

Las incertidumbres en el mercado tienen que ver también con la desorientación política. Nadie sabe qué va a hacer Alberto cuando asuma. Y hay mucho ruido sobre cómo puede ser la relación con Cristina, especialmente en momentos en que hay que resolver una crisis.

En el Instituto Patria apuntan que la herencia va a ser tan grave que no habrá margen para mucho debate interno. Están claras las líneas generales y después habrá que tomar decisiones todos los días. El modelo en el que piensan es en el de Néstor Kirchner cuando asumió. El que gobernaba era Néstor aunque existía una coalición con el duhaldismo.

Cristina seguirá al margen de la escena. Sabe que el que tiene que gobernar es Alberto, con su impronta. “Sino el candidato tenía que ser Ferraresi. Quizás ganábamos igual pero iba a ser más difícil gobernar”. Desmienten que a Cristina le pueda caer mal que Alberto vaya a una conferencia de Clarín o que se junte con el campo. "Se pensó en él para eso. Cualquier otra cuestión se basa en el prejuicio”, aseguran

En el Patria ven a una Cristina más pragmática que nunca. Apenas volvió de Cuba se juntó con Alberto a analizar la situación del país. Ella está conforme sobre cómo se está moviendo el candidato. Respecto al Gobierno, quizás las últimas medidas no sean malas. El problema es que las hace “tarde y mal”, analizan.

Más allá de la templanza (o destemplanza) de sus líderes, el peronismo tiene su gen. Y está oliendo sangre. La responsabilidad política de gobernar es de Macri. Pero la responsabilidad política de sostener al sistema institucional es de toda la dirigencia. ¿Estarán esta vez a la altura de las circunstancias?

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