La doctrina política de Miguel Pichetto, precandidato a presidente del menemismo tardío y amo y señor del Senado argentino, dice más o menos esto: un sistema democrático presidencialista solo funciona con un oficialismo fuerte que esté dispuesto a gobernar y pagar costos políticos por las medidas que toma; y una oposición medianamente responsable que no incendie el país ante cada medida del Gobierno.

La responsabilidad de los legisladores oficialistas es acompañar y defender a su Gobierno (“no somos librepensadores”, repetía cuando era oficialista); la oposición puede destrabar alguna cuestión pero nunca ser coparticipe en los costos políticos. “No somos Suecia ni Dinamarca” (Esto no tiene nada que ver, pero es una frase que repite siempre y me gusta).

El Gobierno nacional llama a un Gran Acuerdo Nacional (para los desprevenidos, la sigla ya se usó en 1971 para ver cómo resolver la proscripción del peronismo, entre otras cosas y –como todo en este país- terminó para atrás). No aclara cuáles son los términos de ese acuerdo y apenas hay  -inicialmente- un punto en el temario: ¿cómo bajar el gasto?

La propuesta es -básicamente- como ese amigo lejano al que solo invitás a los velorios pero nunca a los cumpleaños ni casamientos. ¿Quién quiere un amigo así?

Los gobernadores ya salieron a avisar explícitamente que no van a acompañar un acuerdo que implique quedar ellos pegados al ajuste. Una cosa es no entorpecer, otra pagar el costo político. Los abanderados de esta postura son Schiaretti y Urtubey, justamente los dos peronistas de mejor sintonía con La Rosada.

La caída en la imagen es uno de los peores dolores de cabeza que atraviesa el Gobierno que escucha desde hace años el precepto 1 de Durán Barba: “El día que tu imagen se cae te van a hacer un juicio político porque no les gusta el color de tus zapatos”.

Vuelve Cristina

Una de las 5 encuestadoras más confiables del país hoy en día tiene guardado bajo 7 llaves un número que preocupa. Por primera vez en casi 30 meses de gestión, aparece Cristina Kirchner encabezando una encuesta de intención de voto  presidencial contra Macri. 36 a 32%.

Fue en la peor semana del Gobierno de Macri, que acababa de perder 10 puntos de imagen. Contra Vidal los números se invierten: 36 a32 a favor de Vidal. La estrategia del silencio de Cristina estaría dando resultado.

"Tenemos que enamorar"

Ernesto Sanz avisó que de modo alguno esto va a implicar una vuelta a la mesa de coordinación diaria. No está entusiasmado, cuentan en su entorno, pero no puede dejar en banda al presidente. Cuando lo llamen estará. No confía.

En la Casa Rosada también salieron a bajarle el precio a esa nueva mesa. “Es más una movida del Círculo Rojo”, dicen sobre la foto que mandó Presidencia a los medios. “Los problemas económicos siguen estando con o sin ellos, aunque es una buena señal”, explican en la Casa Rosada.

La estrategia para los próximos días es clara. Seguir convocando a los gobernadores “responsables”, juntos o separados dando imagen de certezas antes y después del posible acuerdo con el Fondo.

En principio la excusa será discutir el Presupuesto 2019. Pero saben que con eso solo no alcanza: “No puede ser un acuerdo solamente fiscal, tenemos que enamorar y convocar a un proyecto de desarrollo. El eje es el fiscal pero tenemos que tener temas sociales, infraestructura…”, explicaron en el Ministerio del Interior, a cargo de la convocatoria.

La idea es sumar no solo a gobernadores y senadores sino también otros actores sociales (léase, empresarios y sindicatos). “Tener una mesa de consensos básicos antes de la elección”, definen. En el Gobierno quieren dejar claro que no es verdad que este diálogo se convoque en la debilidad. “Convocamos también cuando ganamos la elección”, recuerdan.  El antecedente no es el mejor: aquel acuerdo con los gobernadores terminó con el escándalo de la reforma jubilatoria y con una reforma laboral abortada.

No le van a pedir al peronismo más de lo que puede dar. Solo les van a pedir que no voten leyes en contra del mismo presupuesto que ellos aprobaron. “Queremos hacerlos parte y que después no haya una ley a lo tarifas que se cague en el presupuesto que habían votado”, cuentan. La consigna: que la política sienta al presupuesto como propio.

Esta semana se juega el futuro de la ley contra el tarifazo. Pichetto dio un ultimátum. Quiere que antes del martes el Gobierno presente un proyecto alternativo o lo votan tal como está. La Casa Rosada puso el veto sobre la mesa, pero en el fondo quieren evitarlo. “Hay senadores que no quieren votar un descalabro fiscal. Estamos explorando caminos”, cuentan.

En los números del oficialismo creen que están a solo 10 votos de bloquear la norma. “Hay senadores que no quieren votar un descalabro fiscal”, dicen. Ponen el ejemplo del cordobés Carlos Caserio que responde a Schiaretti. “Hay que darles algo para que nos acompañen, estamos intentando algún camino”, aseguran. Lo harán sin violentar al bloque de Pichetto para no romper los puentes.

El sueño del peronismo blanco

Como todo tiene que ver con todo, volvemos a Pichetto, intelectual orgánico con el que empezamos esta columna.

El martes Pichetto va a estar en un encuentro organizado por Hugo Quintana, líder sindical de APOC que a su vez lidera el denominado Movimiento 21, con la idea de poner en “movimiento al peronismo”. Quintana va a volver a juntar en una misma mesa a Pichetto y Juan Manuel Urtubey, como lo hizo a fin del año pasado.

Su idea: lograr 10 ejes de consenso del “peronismo blanco” y que luego el candidato final salga de una PASO entre todo el PJ AntiK. Los entusiasmó la encuesta de Poliarquía.

Entre quienes dialogan en ese espacio, creen que es importante que cada uno siga fortaleciendo sus propias identidades: Massa con el Frente Renovador, Barrionuevo con el sello del PJ, Quintana con el Movimiento 21 (con fuerte presencia del duhaldismo), Pichetto con los gobernadores… “Con las figuras solas no alcanza. El tema es no hablar de figuras, sino ser el resultado de un acuerdo programático”, se entusiasman.