Alguna vez Belgrano y San Martín se fundieron en un abrazo en la provincia de Salta, "el abrazo de Yatasto". Alguna vez Sarmiento y Urquiza, símbolos de Unitarios y Federales, hicieron lo propio en Entre Ríos.
Alguna vez Belgrano y San Martín se fundieron en un abrazo en la provincia de Salta, "el abrazo de Yatasto". Alguna vez Sarmiento y Urquiza, símbolos de Unitarios y Federales, hicieron lo propio en Entre Ríos.
Pero el abrazo más simbólico de la historia argentina ocurrió en el frío de 1973. La Argentina era un polvorín. Cámpora tambaleaba, la guerrilla peronista y trotkista no daban tregua. En ese contexto, hace 46 años se daba el abrazo de Perón - Balbín.
¿Por qué todo el mundo festeja el abrazo entre Mauricio Macri y Alberto Fernández? ¿Por qué nos ponemos contentos cuando vemos que comparten un vaso con agua? ¿Por qué nos aliviamos cuando vemos que se hablan al oído?
Hace 12 años que Argentina no para de pelear. Desde el conflicto de la 125 hay dos argentinas. La que defiende las retenciones y la que detesta las retenciones. La celeste y la verde. La que simpatiza con la ley de medios y la anti ley de medios. La que dice que Nisman se suicidó y la que dice que fue asesinado.
Desde el 2008 para acá, Argentina fue entrando en una grieta cada vez más profunda, violenta, y, sobre todo, ignorante. Una Argentina que nos embruteció como país porque trata de tibios y timoratos a todos los que quieren plantear grises. Y este año esa polarización salvaje se expresó en las urnas.
Hoy Alberto Fernández y Mauricio Macri representan el 88% del país. Fue la segunda elección más polarizada de la historia después de Alfonsín. Por eso el abrazo de ambos líderes no garantiza nada, pero ayuda un montón desde lo simbólico para frenar la agresividad para bajar un cambio.
El viernes, Emilio Monzó dijo en este programa que no solo se necesita un acercamiento, también generosidad. La única manera de que Argentina salga adelante es que los dos principales líderes que fomentaron la división violenta de los argentinos den un paso al costado: Macri y Cristina Kirchner.
Macri debe dejarle lugar a una nueva generación de políticos de Cambiemos: Vidal, Larreta, Lousteau, Cornejo, Frigerio. Cristina debe dejarle lugar a una nueva generación de políticos del peronismo: Kicillof, Massa, Máximo Kirchner.
Macri ya avisó que se tomará unos cuantos meses de descanso dando charlas por el mundo. Cristina no parece ir en esa sintonía. Tan solo basta con mirar la nueva estructura de poder del gobierno de Fernández. Ella se encargó de que aparezca el apellido kirchnerista tanto en el senado como en diputados.
No solo eso, Cristina colocó al Ministro del Interior (Wado de Pedro), al Ministro de Defensa (Agustín Rossi), a la Ministra de Seguridad (Sabina Frederic), al Ministro de Cultura (Tristán Bauer), al Ministro de Agricultura (Luis Basterra), al Ministro de Ciencia y Tecnología (Roberto Salvarezza), al Procurador del Tesoro (Carlos Zannini).
La pregunta es: ¿balance de poder o tener controlado de cerca al presidente que ella mismo designó? Cristina tiene que entender que para poder avanzar a veces los grandes líderes que generan amor y odio deben correrse y ceder el protagonismo. Tuvo un gesto táctico inesperado cuando renunció a su candidatura presidencial. Ella sabe que no alcanza. Lo importante no son los cargos, si no bajar las armas.