Una respuesta jurídica inédita ante crímenes atroces
El vicepresidente del Máximo Tribunal, Carlos Rosenkrantz, centró su mensaje en el valor normativo del proceso. “Estos jueces pusieron al terror en su lugar, pero lo hicieron dentro de los límites y de acuerdo con lo ordenado por el derecho. A 40 años del fallo, la mejor manera de proyectar al futuro su actuación es renovar el compromiso central de adherir incondicionalmente a la legalidad”, planteó.
En su análisis, Rosenkrantz remarcó la excepcionalidad del juicio en el marco de un sistema constitucional. “Dieron al país algo que parecía impensable: una respuesta jurídicamente impecable a crímenes atroces en el contexto de un proceso que respetó todas las garantías y derechos de la Constitución vigente. Estuvieron a la altura del desafío de la hora, no solo porque estaban profesionalmente preparados, sino porque actuaron con el coraje requerido”, expresó.
El magistrado también valoró el compromiso con la imparcialidad. “Desafiando a los que pregonaban la impotencia del derecho y transitando únicamente por la senda del derecho penal liberal, estos hombres condenaron a quienes consideraron culpables y absolvieron a quienes encontraron inocentes. Es preciso decirlo, pues en nuestra sociedad todavía maniquea muchas veces se pierde la capacidad para distinguir entre lo que es debido y lo que nos gusta”, subrayó.
El ministro de la Corte Ricardo Lorenzetti, por su parte, sostuvo que los jueces del tribunal no solo firmaron una sentencia histórica, sino que generaron un legado colectivo. “Mostraron coherencia, imparcialidad y templanza para resolver en un contexto difícil, e inauguraron una política de Estado que todos los jueces y juezas han sabido continuar a lo largo del tiempo. Por eso, la política de memoria y justicia ya forma parte del contrato social de los argentinos”, afirmó.
El recuerdo de los jueces del juicio y el compromiso con la democracia
León Arslanian, presidente del tribunal en 1985, agradeció la distinción y reivindicó la labor compartida. “Fue un trabajo coral que contó con el apoyo y el compromiso de los diferentes actores involucrados, desde el expresidente Alfonsín hasta los miembros de la CONADEP, pasando por los empleados y funcionarios judiciales. Fue un proceso que desde su dictado, allá por 1985, nunca dejó de recordarse”, afirmó.
En su mensaje, Arslanian planteó también una mirada hacia el presente. “Me permito albergar la esperanza de que nos hallemos frente a una nueva alborada: la oportunidad de que podamos, esta vez sí, construir ese país que queremos que nos albergue a todos”, concluyó.
Ricardo Gil Lavedra también evocó los obstáculos de aquella experiencia inédita. “No había precedentes a los que aferrarse ni estructura normativa que indicara el camino a seguir. Los recursos técnicos eran primitivos, pero todos teníamos la convicción de que el horror del pasado necesitaba un juicio justo”, señaló. Subrayó especialmente el rol de quienes testimoniaron: “Tuvieron la valentía de venir a narrar públicamente sus padecimientos cuando la democracia no estaba totalmente afirmada y los autores de los crímenes seguían en libertad”.
Gil Lavedra cerró su intervención con una reflexión sobre el presente judicial. “Hoy Argentina sigue necesitando una justicia que no tenga miedo de aplicar imparcialmente la ley y respete las garantías constitucionales. Ese fue y sigue siendo el mayor legado del juicio”, aseguró.