Con la edición del tercer paro general contra el Gobierno de Macri, todos empiezan a hacer cálculos sobre quiénes serán los ganadores y perdedores de este paro y (pareciera) que todos salen ganando en los cálculos iniciales.

  • CGT combativa. Con los Moyano a la cabeza y con su Triunviro Juan Carlos Schmid, le marcaron la cancha al resto de la CGT que no quería parar.
  • CGT Dialoguista. Encabezados por Héctor Daer fueron los que más rehuían a la idea del paro. Al final tuvieron que aceptar. Son los más golpeados, pero al menos descomprimieron la presión interna y esto le sirve como un mensaje al Gobierno. “Si no nos ayudan, nosotros no podemos frenar a los más opositores”.
  • La izquierda. Vuelve a demostrar que sin ellos y sus cortes de rutas, los paros no tienen la fuerza que tenían. Habrá que ver en el transcurso del día cuál es el alcance “real” de la adhesión al paro y cuánto responde a los cortes de accesos.
  • Peronismo “Racional”. En silencio frente a este paro, calculan –como Durán Barba- que les ayuda a despegarse del kirchnerismo y la oposición combativa. Massa, Pichetto y los gobernadores, calladitos. Hasta Facundo Moyano se mandó a guardar.
  • El Gobierno. Lejos de lo que se piensa, muchos están chochos con este paro.
  • Durán Barba fue el más explícito: “La huelga fortalecerá al Gobierno. No hay ninguna razón para que la acción de algunos sindicatos, dirigidos por personas cuestionadas, atacando a la gente que quiere ir a su trabajo, sea popular”, escribió el domingo en Perfil.
  • “Alerta FMI”. Algunos en el Gobierno consideran que es un buen aviso para el Fondo. “Hasta acá manejamos. Si nos piden más, nos pasa esto”.

En la práctica no le sirve a nadie. El Gobierno calcula que el paro costará $ 28.824 millones de pesos; las consignas no son suficientemente concretas como para que el Gobierno tome nota (no pareciera que vayan a cancelar el acuerdo con el Fondo por un simple paro) y la CGT no resolverá su crisis de representatividad.

Estamos frente a un paro que descomprime cierta tensión de cierto “círculo rojo” de los movimiento sociales y sindicales. La gran pregunta es qué viene después de esto: ¿Distensión o radicalización?