La Jungla del Poder

En exclusiva, la historia secreta de la renuncia de Martín Guzmán

Los verdaderos motivos del ministro para decir adiós. ¿Quién es el economista que ya avisó que no? Las estructuras de poder dentro del oficialismo empiezan a despegarse del Presidente. ¿Por qué el peronismo clásico se acerca a Cristina Kirchner?
Pablo Winokur
por Pablo Winokur |
Alberto Fernández en homenaje a Perón

Alberto Fernández en homenaje a Perón

El jueves a la noche Martín Guzmán le comunicó al presidente que en estas condiciones no podía seguir. Necesitaba tener todos los resortes de la política económica. No los tenía. Si no le daban los instrumentos se iba. No queda claro si Alberto Fernández entendió el mensaje. Los que lo frecuentan, dicen que muchas veces el presidente escucha lo que quiere escuchar.

Guzmán esperó dos días para ver si se tomaba alguna definición. No hubo noticias el viernes. Podría haber renunciado ese día a la noche, pero no quiso aguarle el acto en la CGT. Esperó todo el sábado a la mañana, pero nada… La renuncia tenía que darse el sábado a la tarde, para darle tiempo a Alberto a conseguir su reemplazante antes de la apertura de los mercados del lunes. Casualidades o no, la decisión se comunicó en medio del discurso de Cristina en Ensenada.

¿Qué le pidió en concreto Guzmán a Alberto Fernández? Las pistas están en la carta de su renuncia. Guzmán hizo su último intento, después de aquel supermartes y la aprobación del último aval del FMI. Insiste en la carta de renuncia que el plan económico estaba: lo que faltó fue la voluntad política para implementarlo a fondo. El Frente de Todos no estaba de acuerdo.

El párrafo más político de su carta es claro: “Considero que será primordial que trabaje en un acuerdo político dentro de la coalición gobernante para que quien me reemplace cuente con el manejo centralizado de los instrumentos de política macroeconómica necesarios para consolidar los avances descriptos y hacer frente a los desafíos por delante”.

Ahora empieza otro juego que es el de la sucesión...

¿Quién puede reemplazar al ministro de Economía?

El problema es que Alberto Fernández se convirtió en la mancha venenosa. Nadie lo quiere cerca. Y pocos están dispuestos asumir en este contexto. Uno de los candidatos ya avisó que no va a agarrar.

Martín Redrado fue tentado hace unos días por un dirigente muy cercano a Cristina Kirchner pero declinó la oferta. Cree que cualquier plan necesita acuerdos y leyes; no están dadas las condiciones. Por parte de Massa no tuvo ningún ofrecimiento; del lado de Alberto le hicieron saber que no quiere en ese cargo a un potencial competidor de 2023.

Otro que se mencionó para el cargo es Sergio Massa. Se enteró el sábado de la renuncia de Guzmán en la cancha viendo a Tigre. Trascendió que iba a ir a Olivos a participar de la elección del nuevo ministro. Pero en su entorno aclararon que no iba a acercarse a la quinta presidencial y que tenía el cumpleaños de la hermana. De asumir quiere tener el control total de la economía. No queda claro que Alberto se lo vaya a dar.

El peronismo tiene otro nombre para el ministerio. Jorge Capitanich, gobernador de Chaco. Es contador de base y hace meses viene armando un plan de gobierno. Lo hizo pensando en su candidatura presidencial o para asumir antes en alguna función ejecutiva si la cosa se ponía caliente. Es el único que está dispuesto a asumir sin condicionamientos. "Ya dio pruebas de que le pone el pecho a las balas", dicen en su entorno. Eso sí: aunque tiene volumen propio, su referente nacional es Cristina y solo asumiría con su ok. Estuvo sentado en primera fila en el acto de Alberto en la CGT.

El problema no es Guzmán

En la formalidad, todos en el Frente de Todos se la pasaron pidiendo la cabeza de Martín Guzmán, que tenía los días contados. Pero adentro del peronismo y de la coalición de gobierno todos saben que el problema no era el ministro de Economía. El problema es el presidente. El miedo más profundo es que por primera vez en la historia un mandatario peronista elegido en las urnas no pueda terminar su primer mandato y se tenga que ir en medio de un estallido social. (En realidad ya la había pasado a Cámpora, pero es parte de otra historia).

La preocupación es compartida por Cristina y por la mayoría de los gobernadores peronistas. También por los intendentes del conurbano. Y ahora se suma la CGT. Se activa una máxima dentro del peronismo: “Todos te acompañan hasta la puerta del cementerio, pero nadie entra”.

Esa debilidad se va a ver cuando Alberto intente encontrar el reemplazo para Guzmán. Aparece un dilema: alguien que no sea de su entorno no va a agarrar sin un amplio consenso político; y alguien de su entorno no va a tener la fortaleza para manejar los hilos de la economía en crisis.

El rol que Alberto Fernández no cumplió

Alberto Fernández y Manzur con gobernadores que apoyan el acuerdo con el FMI en Casa Rosada.jpg

El peronismo como estructura se sustenta en tres patas: los gobernadores, los intendentes del conurbano (donde viven 10 millones de personas y son fundamentales para cualquier proyecto de poder nacional y la CGT.

Cuando asumió, Alberto Fernández tenía como misión mediar entre Cristina Kirchner y estos tres polos de poder político que no tenían un líder que los representara. Alberto era apenas un gerente de ambiciones ajenas. Cristina sabía que sola no le alcanzaba; y gobernadores, intendentes y sindicalistas -que no querían saber de nada de una vuelta de Cristina al poder- sabían que no tenían un candidato para competirle ni por adentro ni por afuera.

El Frente de Todos es una alianza entre el peronismo tradicional y el kirchnerismo, a lo que sumaron los 3 puntos de Massa para no dejar nada librado al azar.

Alberto Fernández era el CEO que -sin poder político propio- iba a administrar esas tensiones. Pero nada de eso pasó. Y hoy gobernadores, intendentes y sindicalistas creen que la única opción para retener sus espacios de poder es volver a redefinir la alianza con Cristina.

Cristina lo sabe. Lo aprovecha y les teme a la vez. Sabe que ellos no tienen candidato. Y que ella ya no tiene el poder político para imponer a un delfín: si se equivocó una vez; ¿por qué no se puede equivocar otra?

Por eso no le queda otra opción que ser ella. Aunque sea para perder con las botas puestas. ¿Y si enfrente está Macri? ¿Y si enfrente está Milei? Capaz hasta puede volver.

Los desplantes a Alberto Fernández (que anticiparon la salida de Guzmán)

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Desplante 1: los gobernadores

La semana pasada los gobernadores peronistas se juntaron en una “Liga” y emitieron un documento que pegó al corazón de la gestión:

  • “Queremos ayudar a construir un modelo de gestión descentralizada de gobierno”. (Traducción: dejá que nos metamos Albert, porque el barco se te hunde).
  • “Transformar planes sociales en trabajo digno es el desafío de nuestro tiempo, y debemos lograrlo entre todos los que tenemos responsabilidad de gobierno en diferentes niveles”. (Traducción: sacale los planes a los movimientos sociales y dánoslos a nosotros, Albert, como te pidió Cristina).
  • “Peticionamos a nuestras autoridades la definición de un plan concreto para resolver el abastecimiento de combustibles líquidos” (Traducción: Albert, hacete cargo del tema del gasoil).
  • “Alertar sobre el impacto de la inflación en los ingresos de las familias argentinas, a los efectos de solicitar la implementación de medidas específicas”. (Traducción: no hay plan económico).
  • “Reclamamos por una distribución justa y equitativa de los subsidios al transporte público de pasajeros y de la energía que consumimos”. (Traducción: basta de financiarle la campaña a Larreta).

En síntesis, la Liga de gobernadores, que bien podría decirle a Alberto todo esto por teléfono, se lo dice por carta y en un documento. Se cansaron de que el hombre los reciba, les diga a todo que sí y después no haga nada. ¡Estamos grandes!

Desplante 2: La CGT

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El viernes hubo un acto homenaje a Perón. Se cumplía un nuevo aniversario de su muerte. El acto se hizo en la CGT, pero la invitación la cursó presidencia. A los muchachos de la CGT no les gustó demasiado que los puentearan y hasta amenazaron con bajar el acto, que habían arreglado Alberto y Héctor Daer. Al final firmaron la pipa de la paz y se acordó que el acto fuera organizado por el Partido Justicialista que preside Alberto. Igual hubo fisuras internas.

  • Pablo Moyano, uno de los tres jefes de la CGT, decidió quedarse en Chaco en un evento gremial. Estuvo su papá Hugo, casi retirado.
  • No estuvieron tampoco los gremios que responden al moyanismo.
  • Francisco Abel Furlán, el líder de la UOM, el gremio industrial más importante del país, priorizó un Congreso regional en Entre Ríos.
  • El jefe de los encargados de edificio, Víctor Santa María, faltó espantado por la convocatoria. Está cada vez más cerca de Cristina.
  • Otros estuvieron, pusieron cara de poker. Pero saben que la cosa está tensa. Como le pasa a Armando Cavalieri de Empleados de Comercio, que este año va a elecciones con el antecedente de que en 2018 ganó por poco. Las cosas están mucho peor que hace cuatro años.

En cambio, estuvieron representantes de los movimientos sociales: Daniel Menéndez (Barrios De Pie), Luis D’Elía (FTV) y Emilio Pérsico (Movimiento Evita), que esta semana dijo que el país que dejó Cristina en su presidencia “era una mierda”.

Desplante 3: El Senado

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El Senado que maneja Cristina Kirchner por primera vez aprobó un proyecto que el Gobierno resistía y que complicaba el plan económico de Martín Guzmán. Pero esta vez no fueron solo los kirchneristas. Todo el Frente de Todos votó a favor.

Fue una moratoria previsional para jubilados que no tengan todos los aportes necesarios. Es un proyecto que presentaron senadores camporistas y que fue defendido en el recinto por la cristinista Juliana di Tullio. Reconoció que no le preguntaron a Guzmán qué opinaba sobre esta ley. “Yo, la verdad, que no le pregunté al ministro, le pregunté al organismo competente, que es la ANSeS, y creo que los autores hicieron lo mismo”. La ANSeS es dirigida por La Cámpora. No hay antecedentes de que un bloque oficialista no le pregunte al ministro de Economía antes de sacar una ley que insume gasto público. Una desautorización que también explica la renuncia.

Senadores que antes se identificaban con Alberto, ahora no están tan seguros.

Alberto resiste

En lo que queda del albertismo, insisten que Alberto va a ser candidato en 2023. Y que va a enfrentar en una PASO a Cristina Kirchner. O a quien ella designe. Y que gobernadores, intendentes, CGT y el peronismo clásico van a tener que decidir. Aunque parece que todos ya decidieron.

Todos le piden que haga algo con la inflación y él responde que “es un problema hace 15 años”. Es decir, desde 2007, cuando él empezó a abandonar el kirchnerismo.

Alberto eligió en el acto del viernes evocar al último Perón. Al del abrazo con el radicalismo de Balbín. “Cuando muchos le decían que el diálogo no era el camino, que había que confrontar y tomar las armas, Perón decía: ‘Jamás en la conducción política hay que obligar a nadie, hay que persuadir’”, parafraseó Alberto.

La tribuna peronista que escuchaba el discurso aplaudió suavemente. El problema es que en el peronismo, Alberto ya no convence a nadie.

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