El viernes llegó el momento del anuncio. En el medio de su explicación Fernández dedicó dos pasajes especiales a la Ciudad. El primero cuando sostuvo que cada cinco cuadras había un contagio en territorio porteño y luego que no se avanzarían en más aperturas. El fastidio de Larreta se podía ver incluso detrás del barbijo que tenía puesto. Luego llegó el turno de Kicillof que volvió a centrar su tesitura en el virus que cruzó la General Paz. A eso se le sumó que en la semana la titular del PAMI, Luana Volnivich, manifestó que tienen derivaciones de pacientes desde la Ciudad hacia la Provincia.
Con todo este contexto, Rodríguez Larreta anunció el sábado que la apertura de comercios no esenciales en las principales avenidas de la Ciudad reabrirían el lunes, como estaba previsto. “Hace tiempo que le venimos diciendo que si no empieza a diferenciarse lo van a atacar igual”, contó uno de los consejeros políticos que tiene el alcalde porteño.
Cerca de Rodríguez Larreta nadie duda de la capacidad de análisis y el manejo de los tiempos que tiene, pero cada vez son más los que, incluso dentro de los que privilegian la mesura por sobre las posturas más extremistas, quieren ver una barrera de separación con el Frente de Todos.
“Ellos no nos apoyaron en ninguna de las leyes de Emergencia que necesitamos y encima tenemos al ministro de Interior y a Cristina Fernández de Kirchner chicaneándonos por redes sociales”, agregó otro de los funcionarios de consulta permanente con Larreta después de ver los tuits por el accionar policial el sábado en la marcha en donde se reclamaba por los tres años del fallecimiento de Santiago Maldonado y por la desaparición de Facundo Astudillo Castro.
En el medio, Juntos por el Cambio empieza a delinear sus primeras estrategias de juego. Poco a poco, de forma orgánica, empiezan a aparecer diferentes dirigentes que hablan de temas puntuales y algunos que dicen lo que no pueden manifestar otros. El cambio de postura de la presidenta del PRO, la ex ministra de Seguridad Patricia Bullrich, fue notorio. “Hay cosas que dice que nosotros no podemos decir y necesitamos que siga así”, expresan en la Jefatura de Gobierno. Si bien esa labor todavía no está de todo articulada, cada vez funciona de manera más coordinada.
Lo mismo sucede con diputados y senadores nacionales que empiezan a levantar temas que son de interés de los tres principales socios de la coalición opositora que, aceptan por lo bajo, le debe buena parte de la manutención de la unidad a algunos de los furcios que cometió la Casa Rosada.