Macri va a abrir y cerrar el Congreso a la vez. En un solo movimiento. Porque no puede abrirlo de verdad sin que la oposición intente voltearlo a él o a su programa de gobierno en cualquier sesión insignificante en que se discuta la “nacionalización del chorizo colorado”. El riesgo de iniciar cualquier debate, por más acordado que parezca, es que la oposición “la pudra” como lo hizo con la reforma jubilatoria, con la ley antitarifazo o con el Presupuesto 2019.
Pero también va a cerrar el Congreso porque no quiere abrirlo. Porque para el PRO los acuerdos son un signo de debilidad. Porque no estuvieron ni están dispuestos a pensar un país a largo plazo que incluya a (al menos, una parte de) la oposición. “Si no fuiste al colegio con ellos te desconfían”, se ríe un asesor de un PRO-No-Tan-Puro. Es por eso que el presidente de Diputados Emilio Monzó, el hombre que mejor articuló con la oposición durante el mandato de Macri, decidió irse este año.
Macri va a abrir y cerrar el Congreso. 2019 no será un año en que se resuelvan los problemas del país: no se debatirá la pobreza, ni la economía, ni la inseguridad, ni la Justicia. No hay margen político para resolver nada.
Cada uno va a hacer su juego mientras la sociedad se hunde
cada vez más profundo, esperando respuestas que no van a llegar… y, quizás,
pensando que la democracia no es el sistema correcto para mejorar la vida de
todos.