La pelea en el Gabinete
Ministros como Rogelio Frigerio, Guillermo Dietrich, junto a la gobernadora María Eugenia Vidal y el jefe de Gobierno porteño, Horacio Rodríguez Larreta, pidieron la renuncia de Peña como responsable de la campaña electoral y de Nicolás Dujovne por la crisis económica. Macri tardó una semana en aceptarle la dimisión a su ex titular de Hacienda, y lo anunció recién cuando consiguió reemplazante y Vidal cedió a su ministro de Economía bonaerense, Hernán Lacunza.
Pero una semana después de las PASO, envuelto en una crisis política que lo dejó en el punto de mayor debilidad y al borde de adelantar las elecciones, Macri aceptó reformular la mesa política del Gobierno incorporando de nuevo a los gobernadores radicales, a Carrió, Pichetto, Frigerio, Vidal, Larreta y a dirigentes expulsados anteriormente por Peña, como el properonista Emilio Monzó.
En esa reunión en Olivos, Macri explicó a sus socios de la Alianza que no está dispuesto entregar a su jefe de Gabinete porque sería entregarse a sí mismo.
“Si al presidente le sacan a la persona de mayor confianza lo desarticulan”, admitió Carrió en declaraciones televisivas, tras reconocer el desbarajuste que generaron a la alianza de gobierno los “errores de Peña”. No solo por la pérdida de la fórmula presidencial, sino por la derrota en la mayoría de intendencias y provincias donde gobiernan desde 2015. Peña era el responsable de la ingeniería electoral.
A cambio, Macri aceptó ceder parte del poder centralizado que tenía Peña y le dio la fiscalización de las próximas elecciones a Dietrich; y las negociaciones con el peronismo para intentar sostener una transición ordenada en los 70 días que faltan para las elecciones, a Frigerio.
“Soy el encargado de la fiscalización” de la campaña, confirmó el jueves Dietrich en declaraciones a periodistas acreditados en Casa Rosada, a la salida de la reunión de Gabinete. En ese encuentro también volvieron los antes excluidos diputados Monzó y el radical Mario Negri.
La pelea con Vidal
Cerca de Vidal le facturan a Peña la falta de autocrítica por no dejarla desdoblar las elecciones cuando se preveía un fuerte voto castigo por la política económica nacional. El vidalismo consideraba que si separaban las elecciones provinciales de la nacional, podría sostener su nivel de aceptación en el electorado.
Peña concentró toda la campaña hacia las PASO con el grupo de voluntarios “Defensores del Cambio” y mensajes encriptados en las redes sociales y Whatsapp, pero “subestimando la importancia de la política territorial y de los medios tradicionales”, señalan en el vidalismo.
“El kirchnerismo ganó porque faltó vínculo con la gente. No hubo fraude; ganaron porque hay mucho descontento social por la economía y nadie lo vio venir”.
Los intendentes de unos 60 distritos bonaerenses expresaron esta semana su enojo a Vidal y junto con los candidatos a legisladores bonaerenses acordaron hacer campaña propia separada de la nacional.
“Ahora ella va a hacer campaña sola, con los intendentes y legisladores caminando los barrios y escuchando las necesidades de la gente”, admiten en el entorno de la gobernadora. Esa es la estrategia para un territorio que es histórico bastión del peronismo y donde el hambre y el riesgo de perder la paz social después de la nueva megadevaluación post PASO acecha.
La pelea con Larreta
En tándem, con la idea de intentar retener la ciudad de Buenos Aires, Larreta decidió separar su campaña electoral para el 27 de octubre de la de Macri, ante el riesgo de que una derrota nacional similar o peor a la de las PASO, lo arrastre a una derrota en segunda vuelta ante el kirchnerista Matías Lammens. Por eso no se lo vio al jefe de Gobierno porteño en actos cerca de Macri en los últimos días.
La pelea con los radicales
Los gobernadores Gerardo Morales (Jujuy) y Gustavo Valdes (Corrientes) acordaron con la nueva mesa política hacer lo mismo: campaña territorial tradicional con sus candidatos locales para intentar retener sus distritos, ante una eventual nueva debacle nacional por el avance del peronismo unificado. Eso lo plantearon en la reunión que mantuvieron el jueves en Casa Rosada con Peña y Frigerio.
En cambio, el gobernador de Mendoza y presidente de la UCR, Alfredo Cornejo, directamente no quiere ver a Peña y se excusó de participar de las últimas reuniones de la mesa política de Juntos por el Cambio con un viaje al exterior. Pero su estrategia será la misma, provincializar la campaña con su candidato a gobernador en esa provincia y él encabezando la lista de diputados nacionales. Al radicalismo le preocupa no solo perder gobernaciones e intendencias históricas en el interior del país, que son la base de su supervivencia como segundo partido político nacional, sino mantener la representación en el Congreso.
La pelea con Carrió
Mientras Marcos Peña sostenía el domingo de las PASO que habían hecho “una gran elección”, tres horas más tarde, el propio presidente tuvo que salir -sin datos oficiales, solo con el informe de las mesas testigo tomadas por fiscales del oficialismo- a reconocer la derrota por más de 10 puntos.
Shockeada, Carrió despotricó desde el escenario del búnker contra el pueblo que vota a sus verdugos. Pero esa misma noche, los gritos en el VIP del búnker oficialista eran tapados solo por la desolación de sus máximos dirigentes.
Dos semanas después Carrió y Pichetto (el compañero de fórmula) son quienes ahora aportan el nuevo discurso de campaña de Macri y salieron a bancar la reelección bajo el slogan: “Defender la República contra el populismo”. Bajo la consigna “vamos a darla vuelta” aunque no lo admiten oficialmente, convocaron a la marcha “24A“ en todas las plazas del país, en apoyo a Macri.
Sobre el fin de una semana de tensa calma del dólar con el nuevo ministro de Hacienda, se viralizó un audio para el “retorno” con más bajo perfil de Peña en la campaña, tratando de convencer a militantes sobre la posibilidad de ganar en segunda vuelta como en 2015.
Mientras tanto, Macri sigue replicando los argumentos de Il Consilieri expresados el día de las PASO: “Mucha gente no fue a votar en las PASO y el 27 de octubre va a apoyarnos. Ya perdimos por 15 puntos en las PASO de 2015 contra Scioli y en el balotaje dimos vuelta el resultado. Este partido hay que jugarlo, aunque tengamos 4 o 40%”, dice Macri, que como objetivo de mínima, se plantea terminar su primer mandato en tiempo y forma.