Emocionante

Martes negro: Macri y Alberto, frente al desafío de gobernar con un ancho falso para frenar la crisis

Pablo Winokur
por Pablo Winokur |
Martes negro: Macri y Alberto, frente al desafío de gobernar con un ancho falso para frenar la crisis

Los dos están viendo sus cartas e intuyen con qué cartas juega el otro. Juegan al truco entre ellos, pero también juegan contra un montón de otros actores sociales y económicos que intentan torcerles el brazo. No solo a ellos sino, fundamentalmente, al Estado argentino que es el que tiene que intentar superar esta crisis; un Estado que trasciende a los dos políticos en pugna. Ninguno de estos dos actores tiene el ancho de espadas ni el de bastos para poder jugar este juego de poder. Con un ancho falso tienen que intentar frenar la peor cara de la crisis económica.

El martes, el riesgo país superó los 2000 puntos, el dólar subió, el Merval cayó 5%. Nada indica que el miércoles vaya a ser una jornada mejor. La desconfianza respecto al futuro inmediato de la Argentina sigue creciendo. Lo que se sigue consolidando en la práctica es la idea de un presidente saliente ya sin chances de ganar la elección, Macri; y un candidato a presidente que no es más que un candidato ratificado en una gran encuesta de intención de voto, que se llama Alberto Fernández.

Este candidato tiene un problema adicional: su programa de gobierno no está del todo claro ni explicitado. Su coalición de gobierno es incierta: no se sabe si las decisiones las va a tomar él solo o si las va a tener que consensuar con Cristina Kirchner. No se sabe cómo será la articulación de poder con los gobernadores, la Cámpora, el massismo...

Así, mientras Alberto Fernández dio un discurso pro empresario en el Malba en un evento organizado por el grupo Clarín, luego emitió un (¿confuso?) comunicado contra el gobierno y contra el Fondo tras la reunión que mantuvieron con el FMI el lunes.

Fue escrito por Guillermo Nielsen y Cecilia Todesca (como representantes económicos) y por Santiago Cafiero (como jefe de asesores de Alberto). Obviamente, tuvo el aval del candidato. Quizás el párrafo más fuerte del comunicado sea este:

"Tampoco existen coincidencias con las recomendaciones de política impulsadas por el FMI. Se trata, en ambos casos, de aproximaciones dogmáticas que no se ajustan a las condiciones objetivas actuales ni resuelven los principales problemas estructurales de la economía argentina". "Tampoco existen coincidencias con las recomendaciones de política impulsadas por el FMI. Se trata, en ambos casos, de aproximaciones dogmáticas que no se ajustan a las condiciones objetivas actuales ni resuelven los principales problemas estructurales de la economía argentina".

La traducción es: "Como ustedes FMI fracasaron junto a este gobierno, nosotros no tenemos por qué seguir sus políticas". El problema es que si el Fondo siente que no siguen sus políticas, no desembolsa los 5.400 millones de dólares que prometió mandar ahora, y todos los problemas se van a agravar todavía más.

El Fondo pide garantías. Alberto no se las da. No tiene por qué dárselas: no es su gobierno, no es su programa, no es su deuda, no es su ideología ni la de sus aliados.

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El dilema es mayúsculo. Alberto no se quiere hacer cargo de ayudar con su palabra a que el FMI desembolse plata que financie la fuga de capitales. Y con el ancho falso no se puede frenar ninguna fuga. Pero si no colabora queda como golpista.

Del otro lado, Macri tiene su propio ancho falso. Es el presidente pero con las cartas devaluadas por las PASO. Aunque tiene el poder legal, no tiene el poder de fuego del ancho de espadas. Basta una orden suya para que toda la oposición, todos los gobernadores, todos los sindicatos salgan a vaciar esa decisión. Ni hablar de los empresarios.

Macri podría tomar medidas drásticas para frenar las corridas (ciertos controles de capital), refinanciar al Estado (poner retenciones) y ayudar a moderar la inflación (acuerdos de precios). No lo va a hacer porque no está en su ADN. Es su gobierno, es su programa, es su ideología ni la de sus aliados.

En medio de toda esta ensalada tenemos dos presidentes y no tenemos ninguno. Y otra vez vuelven a sobrevolar fantasmas de helicópteros, adelantamientos y otras recetas que siempre llevaron al fracaso. El momento exige madurez de la clase dirigente para ponerse de acuerdo. No parece ser un atributo que sobre en la dirigencia argentina.