Ni Tinelli, ni Lavagna: el peronismo sigue buscando candidato para enfrentar a Macri y evitar a Cristina
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Ni Tinelli, ni Lavagna: el peronismo sigue buscando candidato para enfrentar a Macri y evitar a Cristina

El ex asesor de Daniel Scioli, Juan Courel, suele repetir como mantra: “No se puede hacer oposición desde adentro del oficialismo”. Se podría complementar con un “no se puede hacer oficialismo desde adentro de la oposición”.

Repasemos la historia democrática argentina:

  • No lo logró Cafiero, la oposición moderada del peronismo a Alfonsín. Perdió la interna contra Carlos Menem.
  • No lo logró Duhalde, que planteó diferencias con el modelo económico de Menem pero desde el mismo partido político y terminó perdiendo.
  • No lo logró Scioli que intentó plantear matices con el modelo de Cristina pero no le alcanzó.

El peronismo conoce esta máxima y no quiere repetir viejos errores: sabe que si la gente eligiera en 2019 la continuidad del modelo (suponiendo que la economía repuntara) no votaría a candidatos peronistas. Si la gente quisiera “cambio”, no votaría a dirigentes que hayan acompañado “esta debacle”.

Cooperación cero

De acuerdo a la teoría de los juegos, hay poco margen para que los actores en esta circunstancia puedan plantear un juego cooperativo: si el peronismo “racional” apoya a Macri en sus medidas “antipopulares”, le deja vacío el arco opositor al kirchnerismo que siempre denunció “el ajuste”.

El problema es que si se planta como una oposición furiosa, también le deja el arco librado al kirchnerismo: el que quiere oposición ya tiene su candidato.

De acuerdo a las últimas encuestas que circularon estas semanas, el Gobierno estaría en su peor momento con la opinión pública de la mano de una crisis que parece haberse salido de control. En ese escenario, por primera vez Cristina aparece encabezando algunas encuestas realizadas en junio.

Estas encuestas son parciales con escaso margen de ventaja (dentro del margen de error, incluso) y con un altísimos número de “indecisos”.

Otros análisis serios plantean algunas diferencias. “La caída de Macri no genera suba en ningún dirigente de la oposición K o No K... Casi no hay votantes que luego de decepcionarse con Macri, corran a los brazos de Cristina ni viceversa”, dice otro hombre que mide para oficialismo y oposición. Si esto fuera así, no sería Cristina la que sube sino (solamente) Macri el que baja.

¿Hay lugar para un tercero?

Otros análisis son más benévolos con el peronismo no kirchnerista. El planteo es que si ellos lograran ordenar su interna arrancarían con un piso del 20% y tienen mucha capacidad para crecer: no tienen los rechazos que cosechan ni Cristina ni Macri.

Una reciente encuesta de Poliarquía, que no fue publicada pero que se difundió en el microclima político, ubica al kirchnerismo y al peronismo no K peleando el segundo puesto con 23%, sumando todos los candidatos de ambos espacios. La ventaja, dicen quienes se encargaron de difundir la encuesta, es que el kirchnerismo no tiene margen para crecer y ellos sí.

Ventajas y desventajas

El kirchnerismo no tiene responsabilidad de gobernar. No tiene gobernadores, no le interesa quedar como responsable ni tiene prejuicios a la hora de criticar al Gobierno.

En cambio el resto del peronismo presenta más problemas: tienen que seguir gobernando en sus provincias y no se pueden desentender de la relación con el Gobierno nacional que les está pidiendo “un esfuerzo compartido” en materia presupuestaria. Es decir, acompañar el ajuste.

“Nosotros podemos ayudar pero la responsabilidad política de gobernar es de ustedes”, responde el senador Miguel Ángel Pichetto a quien le consulta.

Hay sectores del peronismo que creen que es posible hacer una gran interna abierta: “Sin Cristina no llegamos, con Cristina sola no alcanza”, suele repetir Alberto Fernández, uno de los que impulsa la propuesta.

El problema para esta idea son los bajos incentivos que existen para los potenciales candidatos para hacer un intento de unidad. Cristina solo iría a una interna si sabe que gana: si pierde, no le regalaría su caudal electoral a ningún otro candidato. Ante la sola idea de que los “independientes” pudieran votar en la interna peronista para intentar evitar un triunfo de ella, Cristina haría –como hizo en las PASO- un partido propio para ser candidata sin intermediación.

Massa, el tercero en discordia en este juego, tampoco tiene incentivos para participar de una gran interna: sabe que si se junta con Cristina se le espanta el público antikirchnerista; a su vez sabe que perdería con el kirchnerismo por el peso del aparato. Juan Manuel Urtubey, otro de los presidenciables del universo peronista no K, también hace un cálculo similar.

Mientras todos especulan sobre lo que hará o dejará de hacer ella, el kirchnerismo ya baraja otros dos candidatos: Agustín Rossi y Felipe Solá. Especialmente este último es visto como un posible candidato de la unidad: pasado anti K y fuerte discurso combativo contra el macrismo son vistos como una combinación explosiva. Obviamente esto solo sería posible si Cristina no juega.

También desde la periferia del kirchnerismo, se lanzaron como precandidatos Guillermo Moreno y Alberto Rodríguez Saá.

Más allá de los cálculos de ajedrez, el peronismo no kirchnerista sabe que necesita un candidato si quiere ser competitivo. Hoy el mejor plantado sigue siendo Sergio Massa, que es el más instalado. Urtubey no repunta en las encuestas.

Eduardo Duhalde, otro de los que juega subterráneamente, sigue insistiendo con Roberto Lavagna. Lo midieron: apenas dio 8 puntos.

Parte del peronismo se ilusiona con el salto de Tinelli a la política. Justamente estos días se reunió en secreto con Sergio Massa, en el departamento del conductor. Massa, mientras tomaba un té, le preguntó si estaba decidido a entrar en política; Tinelli probó su café y le contestó que no le molestaban los rumores pero que aún no tiene claro qué hará.

Las encuestas no le dieron como esperaba: tiene 65% de imagen negativa y no tiene tiempo (¿ni ganas?) de darla vuelta. A Macri le llevó casi 20 años llegar a la presidencia; “Marcelo” no estaría dispuesto a tanto, más teniendo en cuenta lo que cuesta una campaña presidencial. Tendría que conseguir 150 millones de dólares, para lo que no alcanzaría el aporte que le habría prometido Francisco de Narváez.

Mientras el peronismo se revuelve en su propia interna, el Gobierno respira tranquilo. Sabe que, como Argentina en el mundial, depende de sus buenos resultados, aunque siempre debe dejar un ojo puesto en el otro partido del grupo: no vaya a ser que Islandia le gane por 5 a 0 a Croacia y aún con buenos resultados los deje afuera de la Copa.