Dijeron tantas cosas pero al final, se termina imponiendo la esencia.
Nos cansamos de comentar en este humilde espacio radial que la doctora Cristina Kirchner, más temprano que tarde, iba a mostrar que es un animal político. Pues bien, desde aquella cumbre en Recoleta, hace dos semanas, se comenta que la vicepresidente electa habría mandado a la guillotina a varios elegidos del Rey Alberto:
- Diego Gorgal, hombre de Sergio Massa, ¿era el elegido de Alberto para el Ministerio de Seguridad? Alberto asegura que no, pero... a la guillotina
- Martín Redrado, de Sergio Massa, ¿era el elegido para la renegociación de la deuda? ... a la guillotina.
- Florencio Randazzo, ¿era el elegido para el Ministerio de Transporte? Todo indicaría que la reina dijo: "Ese me cagó en 2015 y 2017, no lo quiero ni para servir el café"... a la guillotina.
- Guillermo Nielsen ¿era el elegido para el Ministerio de Economía y se tuvo que conformar con Vaca Muerta? Alberto jura que nunca estuvo en sus planes para el palacio de Hacienda. Pero... a la guillotina.
Podríamos seguir con la lista, pero ya está claro lo conceptual. Para los que pensaban que Cristina se jubilaba, no hay tal retiro. Por otra parte es absolutamente previsible conociendo la lógica de la ex presidenta.
¿Quién podría creer que se iba a convertir repentinamente en una dulce abuela tejedora de escarpines para Néstor Iván y Helenita?
No solo vetó a eventuales ministros, si no que le avisó a Alberto que Carlos Zannini, su fiel asesor legal, tendría que tener un cargo importante en el gabinete. Cristina, con razón, esgrime el siguiente argumento: "Yo armé el Frente de Todos, elegí a Alberto Fernández y gané".
La ingenuidad de muchos estuvo en pensar que ella no iba a cobrarse la factura de viejos atrevimientos. Todavía hoy sigue enojada con Massa por haberse ido en 2013 y haber frenado el proyecto "Cristina eterna".
Todavía hoy sigue enojada con Randazzo porque se negó a ser el candidato a Gobernador de Scioli en 2015 y porque la enfrentó en 2017. Todavía hoy sigue enojada con Moyano porque cree que hizo campaña para Macri en 2015. Todavía hoy sigue enojada con Victoria Donda por haberse ido con Carrió y Prat Gay.
Lo que hubo entonces fueron reconciliaciones tácticas para armar el frente electoral. Muy distinto es que Cristina los acepte para formar una coalición de gobierno.
Una cosa es la campaña y otra es gobernar.
La pregunta es: ¿cuánto margen tiene el futuro gobierno para arrancar peleados? Debuta con casi 40 puntos de pobreza y la tasa de inflación más alta desde 1991. Debuta con los salarios por el piso y con el riesgo país por las nubes. Con Estados Unidos y Brasil en contra y con la región prendida fuego. No hay margen para ponerse a pelear por chiquitajes, por viejas rencillas personales. Ojalá que lo entiendan.