Emocionante

El peronismo, la teoría de la felicidad y la incapacidad de comunicarse con los otros

Pablo Winokur
por Pablo Winokur |
El peronismo, la teoría de la felicidad y la incapacidad de comunicarse con los otros

Aunque haya paz cambiaria, el Gobierno tiene su mayor debilidad en su error de diagnóstico sobre la crisis económica argentina. Mauricio Macri cree que el problema de todo es el exceso del Estado. La realidad le demostró hasta ahora que sus recetas fueron equivocadas.

El Frente de Todos tendría la oportunidad de demostrar que la Argentina necesita para crecer un Estado que promueva el desarrollo a través de una intervención inteligente en la economía. Pero el kirchnerismo -que usó al Estado como si fuera propio- no es creíble para ciertos sectores medios e independientes: no tiene discurso a futuro y tiene muchos problemas de organización internos a la hora de contar lo que van a hacer. Fundamentalmente, le sigue hablando a la política en lugar de hablarle a la ciudadanía.

Esto genera preocupación en el Frente. "Hoy gana Alberto en primera vuelta. Pero medidos con la oferta electoral completa, parece dar que Vidal lo empuja a Macri 3 o 4 puntos. Si gana Kicillof, puede haber 'susto' por el 'vamos a volver' y otros eslóganes. El Gobierno tiene muy entrenado su ordenamiento de campaña, y vienen creciendo a pesar de la economía", advierte un dirigente bonaerense del "peronismo territorial". A eso hay que sumarle los recursos del Estado, siempre favorables a los oficialismos.

El Gobierno no reconoce en serio la crisis... Conoce sus efectos pero se equivoca cuando analiza sus causas. La única autocrítica que se escucha es la de haber sido demasiado optimistas al pensar que los problemas se iban a solucionar más rápido. Es cierto: fue uno de sus pecados. Pero no fue el único.

-No visualiza al Estado como promotor del desarrollo.

-No reconoce que hay sectores que no son competitivos pero que son necesarios para dar trabajo.

-No ofreció alternativas para que las pymes que no podían pagar las nuevas tarifas pudieran subsistir.

-No tuvo una política activa de protección a las empresas nacionales, en tiempos en que todos los países están pensando en cómo sostener a sus compañías y cómo mantener las fuentes de trabajo en el marco de la revolución tecnológica.

Son apenas algunos ejemplos de lo que el candidato a vice de Macri, Miguel Pichetto, denominaba “mala praxis económica” cuando era opositor . Ahora, repite estos conceptos cada vez que puede, aun siendo oficialista.

Pese a la catastrófica gestión económica del gobierno de Macri, el kirchnerismo se estancó en la mayoría de las encuestas y no logra estructurar un discurso para explicarle a la gente por qué ellos lo hubieran hecho diferente.

Aclaración: cuando decimos “la gente” nos referimos al 5 o 7% de la población que necesitan convencer para ganar en primera vuelta. A los votantes que ya tienen ganados, ya los convencieron.

El gran problema del kirchnerismo es que no tiene un punto de contacto para empezar a dialogar con aquel ciudadano que critica y sufre las medidas de este gobierno pero que las consideraba inevitables.

-Sectores golpeados por el tarifazo pero que reconocen que lo de antes era insostenible.

-Que les resulta absurdo escuchar al kirchnerismo criticar la inflación que ellos ocultaban.

-O que recuerdan que el kirchnerismo destruyó los índices y no podemos saber a ciencia cierta cuánto aumentó la pobreza durante el macrismo.

El albertisimo tendría una salida que es enunciar permanentemente una agenda de futuro reconociendo los errores pero planteando cómo los resolvería. Hasta ahora no encontró el tono.

El peronismo está más enfocado en hablarle a sus propios votantes que a conseguir nuevos. Alberto lo aclara con cada uno que habla: no cree en las encuestas, ni en los publicitarios, ni cree que deba tener un jefe de campaña. Santiago Cafiero actúa como coordinador, pero no tiene la dimensión de un jefe de campaña.

Juan Courel, ex ministro de comunicaciones de Scioli, actúa como una especie de Durán Barba. Pero está lejos de tener la autonomía funcional del ecuatoriano y la injerencia sobre las decisiones. Macri cree en el uso profesional de los datos; Alberto no.

El miércoles pasado se reunieron en el bunker de la calle México los voceros de los distintos espacios que conforman el Frente de Todos para unificar el discurso. Había representantes de los candidatos nacionales, de intendentes, de concejales. También estuvieron algunos dirigentes como Pino Solanas, Mariano Recalde y Victoria Donda. En total había 200 sillas.

Se esbozaron algunos de estos temas:

-Entre 7 y 8 de cada 10 argentinos están mal con el Gobierno. Ahí hay que ajustar los golpes.

-Enfatizar en que Alberto sabe cómo salir de la situación.

-Hacer un contraste "prospectivo" y no "descriptivo".

-Mostrar que las visiones son antagónicas respecto al Gobierno sobre cómo se maneja el país y la economía.

-Dar la idea de que "vamos a volver", pero para ser mejores.

Pese a los intentos, hasta ahora esos mensajes no se vislumbran. En ese encuentro también se bajó otra orden: no difundir encuestas ganadoras.

Un asesor del macrismo suele apelar a la teoría de la felicidad para explicar cómo viven en el peronismo la política. “A ellos les da felicidad juntarse con gente a hacer la V y cantar la marcha. Hay negación del nuevo paradigma”.

Algo similar se plantea con Massa: “Le da felicidad sentirse que es el más vivo en una negociación”. Paradojas del destino, hace dos meses pensaba que Cristina podía bajarse y dejarle su lugar; terminó negociando una banca en la lista de diputados.

Hablando de Massa, es el único que mantiene un consultor internacional de primer nivel, Antoni Gutiérrez-Rubí, asesorándolo en comunicación. Es decir, hay una continuidad de la campaña presidencial como si nada hubiera pasado abajo.

Kicillof está en la mira de todos. Primero, no sube en las encuestas y se clavó en 38 puntos para casi todas las encuestadoras. Segundo, su discurso da a “dirigente universitario ex Nacional Buenos Aires” y no al de un hombre preocupado por el futuro de los bonaerenses; Tercero, en cada aparición pública termina dando una “cátedra de economía” que complica al candidato presidencial y embarra más la cancha. Los intendentes y dirigentes territoriales lo miran de reojo.

En el oficialismo están chochos con este status quo. Saben que esta campaña peronista es muy difícil de ordenar. Al Frente de Todos le falta liderazgo e impronta personal superadora a lo que fue el mensaje del kirchnerismo.  

¿Quién puede resolver esta situación? Un importante asesor del oficialismo que analiza las posibles amenazas advierte: “Cristina es la única que se reinventa permanentemente”.