Aleñá y Barcesat denunciaron que la medida se inscribe en “un gigantesco avance en la perversa tarea de destrucción del Estado/Nación”, lo que a su juicio implica “la pérdida de empleos y el favorecimiento a las importaciones de mercaderías que proveía la industria nacional”.
Los firmantes también establecieron una continuidad histórica con otras políticas de ajuste estatal, al vincular el decreto con “las mismas y fracasadas políticas económicas e institucionales del Estado terrorista, entre 1976 y 1983, la entrega de las empresas estatales del menemismo, proseguidas bajo la gestión macrista”.
El texto concluye con un llamado al Poder Judicial para garantizar la supremacía constitucional. “Se les recuerda a los jueces del Poder Judicial de la Nación que su deber primero es el de asegurar la observancia a la supremacía de la Constitución Nacional (art. 36 C.N. y art. 3º, Ley 27)”, afirmaron los impulsores del amparo, quienes reclaman que se ejerza el control de legalidad sobre los actos del Poder Ejecutivo.