¿Qué buscan los políticos de sus encuestadores?
Encuestas

¿Qué buscan los políticos de sus encuestadores?

A nadie le gusta escuchar malas noticias. Y mucho menos a los políticos y dirigentes. “Suelen ser gente con egos importantes”, define un consultor de primera línea.

Por eso, a muchos les gusta solamente recibir encuestas favorables: sea para que les calmen la ansiedad o para que les corroboren escenarios que ellos tienen predefinidos en sus cabezas. Cuando reciben otras cosas, algunos se enojan con los encuestadores y muchos de ellos advierten que han perdido clientes por “decirles la verdad”.

Acá una recopilación de testimonios escuchados de boca de dirigentes de primera línea y sus preferencias por las encuestas.

Marcos Peña, el jugador diferente. Encuestadores de distintas extracciones coinciden en que es el político que mejor lee encuestas. “Es el único que se mete en el detalle y que entiende bien qué hacer con ellas. Macri fue aprendiendo, pero en general en base a lo que le baja Marcos”, dice un encuestador que trabajó con ambos.

Parte de lo que entendió el comando de campaña del PRO, dirigido por Peña, es que no importan tanto los números finales sino los segmentos. Y entender que existen “votantes duros” que ya tienen predefinidas sus tendencias políticas y “votantes blandos” que pueden ir oscilando en sus posiciones. El PRO y Cambiemos elige hablarles a estos en sus campañas. Para eso, tienen que ser identificados por las encuestas… y por los focus groups, que son un capítulo aparte.

Los Kirchner, en busca de un Moreno. “Kirchner le decía a su encuestador de más confianza ‘subime dos puntos, no me mates’”, relata un exfuncionario que vivió de cerca esos momentos. Según ese exfuncionario, hoy asesor en las sombras de muchos políticos, las nuevas generaciones ya no tienen ese tipo de demandas. “Es como hacerte trampa al solitario”, describe.

Cristina y el uso a dos puntas. También suele gustar de las encuestas favorables. Aunque en su entorno dicen que hay que diferenciar dos tipos de encuestadores: “Por un lado están los que venden su nombre para publicar datos inexistentes, con la idea de que las buenas encuestas traccionan buenos resultados”, explican. “Por otro lado están las encuestas serias que se usan para la toma de decisiones en una campaña”, aclaran.

Según estas fuentes, Cristina “no es boluda” y sabe diferenciar las encuestas truchas que se usan como parte de la campaña, de los sondeos de opinión que sirven para tomar decisiones.

Daniel Scioli, el sommelier. Era muy obsesivo cuando estaba en los primeros lugares de la atención pública. No le prestaba mucha atención a los detalles, pero consumía “muchas y de las buenas”, define un asesor del exgobernador.

No compraba cualquier cosa. “Y lo único que le interesaba eran dos datos: intención de voto e imagen. Alguna vez podía profundizar en algún distrito que le interesara pero no era muy exhaustivo al leer las encuestas”, explican en su (ex) entorno.

Sergio Massa, el fanático. Durante muchos años fue un "consumidor compulsivo". Siempre buscando encuestas que le dieran bien o intentando encontrar las variables optimistas. También durante muchos años fue "adicto" a las planillas de rating de los programas en los que participaba, creyendo que la audiencia podía ser sinónimo de acompañamiento popular.

“Siempre fue un gran consumidor de encuestas -cuenta un consultor que lo ha frecuentado- Cree que mejorando la presentación pública de los números, tenés efecto sobre la realidad. Si no, no se explican los papelones que ha tenido con consultores de primera línea”. La referencia es a que a pocas semanas de las PASO 2017 seguía difundiendo encuestas que lo daban en paridad con Bullrich y Cristina.

En los últimos tiempos, coincidiendo con la baja en la estimación popular, fue bajando su amor por los números. “Nos pidió no estar atados a los números y estar más atentos a sentir la calle”, cuentan en su entorno.

Debate de fondo

Existe un debate sobre si la publicación de las encuestas favorables ayuda a mejorar los resultados finales. Hasta hace un tiempo se creía que sí y muchos políticos de primer nivel siguen manejando esa idea. En el PRO en cambio, creen que no es bueno presentar encuestas que los den ganadores. Mal no les fue hasta ahora.

Por eso hoy hay una búsqueda de profesionalizar las campañas en distintos espacios: “Los políticos tradicionales van muy al número. Las nuevas camadas están aprendiendo a escuchar los análisis e ir más a detalles. Todos quieren repetir la experiencia del PRO en 2015”, explica un consultor que suele trabajar con el peronismo.

Conurbano en problemas. Los encuestadores y asesores consultados para esta nota coinciden en que en el conurbano bonaerense hay muy poca noción respecto a las nuevas metodologías de investigación. “La mayoría de los intendentes se mueve por la intuición o por lo que le dice la gente en la calle”, explica un encuestador de primera línea del mercado.

Algo similar pasa con los políticos que no están tan instalados. “Siempre tienen unos muchachos alrededor que les arman un acto o una recorrida en la calle y se creen que son Gardel en tal barrio, les arman un diario de Yrigoyen pero después eso no es lo que dicen las encuestas. Esos se suelen enojar con el encuestador”, explica.

Esto se ve particularmente en las encuestas que miden el conocimiento o no de un dirigente o potencial candidato. Otra vez, en las recorridas se le acerca la gente (quizás porque alguna vez lo vieron en la tele) o son muy populares en Twitter pero luego las encuestas arrojan un alto grado de desconocimento. Este mismo encuestador pone un ejemplo: “Marcos Peña, que es uno de los ministros más conocidos, tiene un 30% de desconocimiento”.