De esa manera, sumó desde 2013 casi 50.000 efectivos que fueron empujados a las calles sin una adecuada formación previa. Son el escalafón peor pago de la policía y responden a determinadas características que le dan sustento al análisis: son los más jóvenes de la fuerza, tienen los códigos propios de esa franja etaria, no responden a la estructura tradicional y tienen un espíritu corporativo que dista del tradicional verticalismo vetusto de aquella “maldita policía” luego reconvertida en “la mejor policía del mundo”.
Pero deviene en imposible continuar con el análisis disociando a “La Bonaerense” de “Los Barones del Conurbano”. No hay funcionamiento policial sin un aval político. A un costado queda aquello de que la fuerza policial debe actuar como un elemento auxiliar de la justicia.
Incluso en los sistemas clandestinos de recaudación, que fueron mencionados en voz baja como uno de los factores fundacionales del hartazgo policial, también emerge esta asociación indeleble. Comisarios y políticos suelen ser una sociedad territorial difícil escindir.
Por eso es importante recordar que la llamada “Policía local” surgió por un reclamo puntual de los intendentes del Conurbano. Nadie gana una elección local sin poder demostrar control sobre la seguridad de sus propios vecinos.
Aquí nace el principal problema con el que se va a enfrentar Berni a la hora de intentar disolver ese sector policial. El vocero político de ese malestar fue Martín Insaurralde, intendente de Lomas de Zamora, quien fue el primero en alzar la voz al enterarse de la jugada que planifica el ministro bonaerense.
A una semana de la rebelión policial, el jefe comunal aprovechó para exigirle al gobernador Axel Kicillof que fortaleciera la Policía local, cuyo control ya no está en manos municipales desde marzo pasado.
Insaurralde agregó: "Es una fuerza de cercanía y de proximidad", poniendo la piedra fundacional de un nuevo conflicto que asoma en tierras bonaerenses y que nadie se atreve a vaticinar como puede terminar.