Según el informe, de ese 51,7%, el 27,2% de los niños y adolescentes tiene necesidades básicas insatisfechas, lo que habla de una pobreza estructural con problemas en el acceso a la vivienda, a los servicios sanitarios, a la educación básica y al ingreso mínimo. Este número es un poco más bajo que el registrado en 2017, cuando había llegado al 28,1%, lo que quiere decir que mejoraron algunos aspectos estructurales de espacio del hábitat, de la capacidad de subsistencia y la escolarización en nenes de entre 6 y 12 años
Otro dato que refleja el impacto de la crisis económica y social es el incremento de la indigencia. En el tercer trimestre de 2018, la pobreza monetaria más extrema llegó al 10,9% de esta franja etaria: un punto más que en 2017. En las zonas con más carencias de la provincia de Buenos Aires, ese número asciende al 15,4%.
De acuerdo al informe “Infancia(s), progresos y retrocesos en clave de desigualdad”, la pobreza infantil sigue una tendencia en ascenso que comenzó el 2011, pero en que en 2018 alcanzó "la cifra más elevada de la década". De acuerdo al documento, se trata de “un problema estructural que “se ha agravado en los últimos años” y “un ejemplo claro es el incremento de la inseguridad alimentaria”.
De acuerdo a este informe que tomó como muestra a 5.700 familias de ciudades con más de 80 mil habitantes, en los últimos tres años aumentó la cobertura de salud pública en alrededor de un 10%. El documento también muestra que dos de cada diez niños y adolescentes no consultaron a un médico en todo 2018. Si se restringe a la salud odontológica, no realizó consulta alguna el 44% de este grupo.
A pesar de que los números de la economía siguen siendo negativos y la inflación parece no dar tregua, desde el Gobierno confían que el adelantamiento a marzo de los incrementos de la AUH previstos para todo este año, y que llegan al 46%, va a impactar positivamente sobre las infancias y va a ayudar a bajar este nivel alarmante de pobreza.