“¿Qué pasa mi amor, qué te tapás? Mirá, ahí esta su cara. Mirá. Un lugar british (británico) y Nac & Pop (Nacional y Popular)”, se burló. Y concluyó: “¡Ey, Vicky! ¿Lindo Londres, no?”.
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Victoria Donda, acusada por su ex empleada de haber trabajado para ella durante "10 años en negro".
Tras el escrache, Donda escribió una carta abierta en La Nación (Violencia sin revés), en la que cuestionó los "discursos del odio" que, a su entender, motivaron la agresión..
El odio no tiene un solo tipo de emisor ni de receptor; puede emerger en todas las personas, en distintas circunstancias, por distintos motivos. Ese odio que no tiene nombre, tampoco tiene clase. Y la violencia y el odio van de la mano. El odio puede parecer un sentimiento abstracto, pero distintos momentos de la historia muestran cómo es un caldo de cultivo para la violencia directa, verbal y física, que puede llegar en casos extremos hasta la violencia institucional y el terrorismo de Estado.
Acostumbramos a asociar los discursos de odio únicamente a la discriminación, la estigmatización y la violencia directas. Sin embargo, la deshumanización también es una de las causas de la aparición de estos discursos; la deshumanización de la persona a la que se quiere deslegitimar, anular, degradar. Solo en una concepción de un otro deshumanizado es que se puede ser capaz de difundir falsedades, violar la intimidad, “escrachar” y faltar el respeto, acciones que solo tienen el propósito de intentar herir y violentar a quien es víctima de ellas.
Se trata de entender cómo se conduce el odio, el cual nunca es inocente. Quien lo ejerce trata de dirigir intencionalmente las repercusiones a su propio favor. No hay evento, por insignificante y simple que sea, que en el objetivo de denigrar represente un obstáculo. En ese camino, las redes y los medios de comunicación tienen representantes que día a día los alimentan y mantienen con vigencia.
El objetivo es claro: confundir, fomentar prejuicios, nublar el pensamiento, no perder privilegios y socavar el Estado que es el único garante de evitar la Ley del más Fuerte, peligrosa para todxs.
El único que regula una sociedad y defiende a un indefenso es el Estado, aquel que los mismos que fomentan los discursos de odio quieren destruir.