Pero ahondando un poco más en sus deseos, y en sus ganas de continuar en el mundo musical, Soledad hizo una fuerte autocrítica, revelando que aún la vara continúa muy alta: "Todavía no logré sacar mi mejor disco, ni ofrecer el mejor concierto o lo que quiero lograr con la música de raíz sudamericana hacia Latinoamérica. Todavía estoy en esa búsqueda, aunque cada vez más parada en un lugar un poco más firme".
No obstante, su mayor confesión vino de la mano cuando, según sus palabras, vivió una de sus mayores crisis personales y una depresión que puso en jaque su carrera: "Cuando intenté mirar demasiado al resto me frustré y no hice las cosas bien. Yo vivo a mi ritmo, no al de los demás. A los 39 no me respondía la voz, todo lo pujante que fui se me apagó en pocos meses. Hice terapia. Descubrí que no me había valorado lo suficiente, era miedo”.
“Estaba convencida de que quería dar un paso más allá, pero no sabía si podía lograrlo. Fue difícil ubicarme en un mapa tan femenino, porque siempre fui una mujer aguerrida. Nadie me frenó. Sentí que para las guerreras de hoy, yo era como una persona que había quedado en otra época, también por el género musical", explicó angustiada Pastorutti.
"Desde chiquita siempre quise caerle bien a todo el mundo, cuando el cantar pasó por lo estético me sentí, en un momento, la pueblerina. La niña del interior que llegó a tener éxito se dio cuenta que había gente que la miraba como un bicho raro. Hasta que un amigo me empezó a ayudar y ahora disfruto de las entregas de premios, del juego; de darme cuenta que no porque un día me ponga un tacón alto y vestido voy a dejar de La Sole”, expresó.