Caminar descalzo por la orilla del mar en la Costa Atlántica puede transformarse en una verdadera prueba de resistencia cuando el sol pega fuerte. La arena caliente obliga a apurar el paso y buscar refugio casi de puntas de pie. Lejos de ser una exageración veraniega, este efecto tiene una base científica clara relacionada con la composición del suelo y su vínculo con la radiación solar. Esa es, también, la clave que explica por qué las playas bonaerenses “queman” más que las del Caribe.











