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"Catalogar este ejemplar como el mero relato de un testigo de la guerra no le haría justicia al autor ni a su obra, a lo largo de la cual Garcés nos revela algunas de sus múltiples identidades: desde el conscripto insubordinado que se enfrenta a la arbitrariedad de los designios autoritarios, hasta el líder emergente que enmienda vacíos en la cadena de mando para velar por los intereses de sus compañeros de trinchera; desde el joven militante que resiste ante los embates simbólicos y materiales propiciados por el gobierno de facto, hasta el cientista social que desarticula las narrativas triunfalistas difundidas por la prensa escrita de la época. El prólogo del libro es realizado por el filósofo Marcelo Sasso, quien conoció a Garcés en otra de sus facetas: la de funcionario. Esta breve exposición ejemplifica el estilo disruptivo con el que el protagonista se hace presente (y deja huella) en la vida de quienes lo rodean. La obra continúa con las palabras preliminares del autor y luego se divide en siete secciones. La primera parte consiste en un ensayo sobre la estrategia de comunicación empleada por el gobierno de facto durante la Guerra de Malvinas. En este apartado, Garcés asume el rol de investigador para abordar la cuestión desde un enfoque eminentemente académico. Entre la segunda y la cuarta parte, el autor realiza una cronología de sus principales vivencias durante el primer semestre de 1982, desde su ingreso al servicio militar obligatorio hasta su regreso al continente como prisionero de guerra. La quinta parte se compone de microrrelatos que evocan situaciones extravagantes ocurridas en el campo de batalla. La sexta parte recopila expresiones artísticas vinculadas a la posguerra, muchas de ellas protagonizadas por el propio Garcés, mientras que la séptima parte está dedicada a la inauguración del Museo Malvinas. El libro concluye con las palabras finales del autor. El reconocido ensayista Ortega y Gasset reflexiona en torno a dos tendencias contrapuestas del pensamiento moderno: el racionalismo, que en su universalismo abstracto invisibiliza las pasiones y los intereses que atraviesan la existencia humana, y el vitalismo, que en su reivindicación de la singularidad e irreductibilidad de cada experiencia personal prescinde del componente racional inherente a nuestra especie. Para superar esta dicotomía propone la “razón vital”, un entendimiento enraizado que se nutre de su contexto histórico y social. En un recorrido análogo, Garcés recurre a los conocimientos adquiridos durante su formación universitaria para ponerlos al servicio de su circunstancia (y así, quizás, salvarse junto a ella). El resultado de esa travesía es un testimonio divergente que se sustenta en la investigación histórica, el análisis documental y la participación heroica del autor en uno de los frentes más feroces de la Guerra de Malvinas"