- Ardor, picazón o dolor punzante en una zona específica de la piel.
- Hipersensibilidad extrema al roce, incluso con la ropa.
- Fatiga, cansancio generalizado y dolor de cabeza.
- En algunos casos, fiebre leve.
Posteriormente, aparece la erupción característica del herpes zóster: un grupo de pequeñas ampollas con líquido que suelen seguir el trayecto de un nervio, denominado dermatoma, adoptando una forma similar a un cinturón. Estas lesiones suelen formar costras y desaparecer en un lapso de tres a cuatro semanas.
La enfermedad suele manifestarse en un solo lado del cuerpo. Las zonas más frecuentes son el pecho, la espalda, el abdomen y la cintura, aunque también puede aparecer en el cuello, la cara, el cuero cabelludo o alrededor de los ojos. Cuando afecta la región ocular requiere atención médica inmediata, ya que puede comprometer la visión.
¿Es cierto que la culebrilla puede dar la vuelta al cuerpo y ser mortal?
Existe una creencia popular que advierte sobre la gravedad de que la culebrilla "se encuentre" al dar la vuelta al torso. Desde el punto de vista médico, lo habitual es que la afección sea unilateral, afectando solo el lado derecho o izquierdo del cuerpo, debido a que el virus se aloja en un ganglio nervioso específico.
Sin embargo, aunque es poco frecuente, si la erupción se extiende más allá del área habitual o compromete ambos lados del cuerpo, puede indicar una alteración importante del sistema inmunológico y requiere una evaluación médica.
En tales circunstancias, existe un riesgo elevado de que el virus invada órganos internos, pudiendo derivar en complicaciones graves como neumonía, encefalitis (inflamación del cerebro) o hepatitis viral.
Herpes zóster: cuándo consultar al médico y qué tratamiento se hace
La complicación más frecuente es la neuralgia posherpética, un dolor crónico y persistente en el nervio afectado que puede continuar incluso después de que la piel ha sanado.
Asimismo, si el virus afecta los nervios faciales, puede haber compromiso ocular con riesgo de pérdida de visión, por lo que la atención médica temprana resulta fundamental.
En cuanto al abordaje clínico, el diagnóstico suele ser visual, aunque en casos específicos se requieren análisis de sangre o cultivos.
El tratamiento estándar incluye:
- Antivirales específicos, como el aciclovir o valaciclovir, que deben administrarse preferentemente durante las primeras etapas de la enfermedad.
- Manejo del dolor, mediante analgésicos y antiinflamatorios para controlar las molestias.
- Medidas destinadas a fortalecer el sistema inmunológico, incluyendo una alimentación equilibrada, actividad física regular y una adecuada gestión del estrés.
Cómo prevenir la culebrilla y quiénes deberían vacunarse
Actualmente, existen vacunas específicas contra el herpes zóster o culebrilla que ayudan a reducir significativamente el riesgo de desarrollar la enfermedad y sus complicaciones. Su aplicación está especialmente recomendada para personas mayores de 50 años y para quienes presentan determinadas enfermedades crónicas o condiciones que afectan al sistema inmunológico.
Ante la aparición de los primeros síntomas o si se observa que la erupción se extiende más allá de lo habitual, se recomienda consultar de inmediato con un profesional de la salud para recibir un diagnóstico oportuno y evitar posibles complicaciones.