La calabaza no solo sirve para sopas o purés salados. En los últimos años comenzó a ganar protagonismo también en la pastelería casera, especialmente en recetas que buscan sumar humedad y dulzor natural sin recurrir a grandes cantidades de azúcar o manteca. El bizcochuelo de calabaza es un ejemplo claro de esta tendencia: esponjoso, aromático y con un color dorado que lo hace aún más tentador.













