El dramático relato de una chaqueña que fue amenazada por un clan narco: "No soy yo, nunca..."
Micaela Morales quedó señalada como la mujer vinculada sentimentalmente a un capo narco ecuatoriano
Todo comenzó el 9 de enero en Ecuador, cuando asesinaron a un hombre vinculado al mundo criminal. Los reportes mencionaban que su pareja se llamaba Micaela Morales. La coincidencia con el nombre y apellido de la joven chaqueña fue total, pero solo en eso. Alcanzó, sin embargo, para que empezaran a llegarle mensajes violentos desde cuentas ecuatorianas: primero insultos, luego acusaciones y finalmente amenazas. “Desde aquel 21 de enero no volví a ser la misma”, le contó Micaela al diario local Norte.
Al principio respondió uno por uno en Instagram: “No soy yo. Nunca estuve en Ecuador”. Dio explicaciones, insistió, intentó llevar calma. Algunos comprendieron; otros no. Y cuando la situación parecía aflojar, ocurrió lo inesperado: un programa de televisión ecuatoriano utilizó su rostro y sus fotos en un informe sobre “narcocultura y lujos”. El algoritmo amplificó el error y la exposición se volvió inmanejable.
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La versión televisiva construyó un relato que no tenía relación con su vida. Micaela llevaba más de un año y medio en Europa, trabajando por temporadas en Andorra y Barcelona en empleos formales para sostener sus viajes. Pero el informe instaló otra imagen, asociada al lujo y a la sospecha. Intentó pedir una rectificación: escribió al canal, buscó a un periodista del ciclo, pero no obtuvo respuesta. El bloqueo fue el detonante del miedo.
“Llamé a mi papá. No lo podía creer”, recuerda. Él le pidió que regresara al país. En medio de la angustia, activó un plan de emergencia y se presentó sin turno en el Consulado argentino en Barcelona. Allí explicó lo ocurrido entre lágrimas. Le solicitaron una carta con todos los detalles, la jueza consular la asesoró y puso en marcha las vías legales. Salió con algo de alivio, aunque con una certeza amarga: el daño mediático corre más rápido que cualquier reparación judicial.
La difusión internacional del caso —impulsada por periodistas que replicaron su historia— obligó al canal a emitir una disculpa. Pero no tuvo la misma visibilidad ni la claridad del informe original: no incluyó las fotos ni el despliegue que había tenido la acusación. “Pidieron perdón a ‘la ciudadana argentina Micaela Morales’. ¿A cuál? La mujer con la que me confundieron también sería argentina”, señala. Para entonces, el impacto en internet ya estaba instalado.
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Antes de viajar, trabajaba como licenciada en psicopedagogía en Córdoba. El proyecto era sumar experiencia en Europa y luego volver a su profesión. Ahora se pregunta quién confiará en una profesional cuyo nombre aparece ligado a un informe criminal en los buscadores. La lógica del algoritmo volvió a jugar en su contra.
El miedo se volvió parte de su rutina: evita hablar con desconocidos, cualquier acento latino la pone en alerta, dejó de publicar en redes y modificó recorridos y hábitos. “Algo en mí cambió para siempre”, reconoce.
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Sus amigos en Barcelona y su familia en Chaco se convirtieron en sostén permanente. Las videollamadas nocturnas se repiten hasta que logra dormirse. Su madre prefiere no leer comentarios; su padre insiste con el regreso. La ansiedad aparece cuando todo parece en calma. Aún no comenzó terapia, pero sabe que la necesita. “No sé cómo, pero estoy sobreviviendo a la peor historia de mi vida”, resume.
Su abogado avanza en dos direcciones: una rectificación pública con la misma visibilidad que el informe original y una indemnización por los daños. Si no hay acuerdo, habrá demanda. El objetivo, explica, no es solo económico sino que se establezca un precedente sobre la obligación de verificar identidades antes de publicar.
Desde entonces cambió su manera de usar internet: publica en diferido, elimina datos sensibles, revisa la privacidad de sus perfiles, reduce la geolocalización y depura seguidores. Frente a ataques, ya no responde: guarda capturas, enlaces y fechas para documentar y denunciar. También recomienda pedir ayuda temprana a consulados, abogados o líneas de asistencia a víctimas.
Su prioridad es limpiar su nombre, recuperar sus proyectos y volver a ejercer. Planea quedarse este año en Europa —si se siente segura— y luego regresar a la Argentina. Ecuador, por ahora, no está en sus planes. Pide algo básico: que la rectificación tenga la misma visibilidad que el error.