Salud

Gusto metálico en la boca: por qué sucede y cuándo es una señal de alerta para la salud

Sentir un sabor a metal en la boca es un síntoma frecuente que, en la mayoría de los casos, tiene causas benignas y transitorias. Sin embargo, en algunos casos puede estar vinculado a afecciones que requieren atención médica.

Sentir un sabor a metal en la boca es un síntoma frecuente que

Sentir un sabor a metal en la boca es un síntoma frecuente que, en la mayoría de los casos, tiene causas benignas y transitorias.

Experimentar un sabor persistente a metal, hierro, cobre o similar en la boca, sin haber consumido alimentos o bebidas que lo justifiquen, es un síntoma relativamente común, conocido médicamente como disgeusia metálica. Muchas personas lo notaron por primera vez durante o después del COVID-19, pero sus causas van mucho más allá de las infecciones virales.

En la gran mayoría de los casos, este gusto es benigno, temporal y reversible: suele desaparecer al tratar la causa subyacente o incluso de forma espontánea. Sin embargo, cuando persiste en el tiempo o se acompaña de otros síntomas, puede requerir una evaluación profesional.

Gusto metálico en la boca: las posibles causas

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Medicamentos

Una de las causas más frecuentes del gusto metálico en la boca son los efectos secundarios de ciertos medicamentos. Esto ocurre porque algunas sustancias activas se eliminan parcialmente a través de la saliva, alterando su composición química o interactuando con los receptores del gusto ubicados en la lengua y el paladar. Además, algunos fármacos pueden generar sequedad bucal (xerostomía), lo que también contribuye a modificar la percepción del sabor.

Entre los más asociados se encuentran antibióticos como metronidazol o claritromicina; antihipertensivos IECA como enalapril o captopril; antidepresivos y ansiolíticos; y suplementos minerales en dosis elevadas, como hierro, zinc o calcio. También es frecuente en tratamientos oncológicos (quimioterapia y radioterapia), que afectan las células gustativas y las glándulas salivales.

Problemas bucales

La salud oral cumple un rol clave. Enfermedades de las encías, infecciones dentales, caries profundas o acumulación de placa bacteriana pueden liberar sustancias que alteran el sabor de la saliva. Incluso una higiene bucal deficiente o el sangrado de encías —que introduce hierro en la cavidad oral— pueden provocar esta sensación. En estos casos, un control odontológico suele resolver el síntoma con rapidez.

COVID-19 y otros virus respiratorios

Durante la pandemia, muchos pacientes describieron el sabor metálico como uno de los primeros síntomas. La disgeusia, junto con la pérdida del olfato, fue una de las señales distintivas del virus SARS-CoV-2. Esto ocurre porque el virus puede infectar células de la mucosa nasal y afectar los nervios implicados en la percepción del gusto.

Este mismo mecanismo puede presentarse con otros virus respiratorios o cuadros gripales intensos, aunque generalmente de forma menos marcada. En la mayoría de los casos, el síntoma desaparece a las pocas semanas.

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Embarazo y cambios hormonales

Durante el embarazo, muchas mujeres experimentan alteraciones en la percepción de los sabores, incluido el gusto metálico. Esto se debe a las fluctuaciones hormonales, en particular del estrógeno, que modulan la sensibilidad gustativa. El fenómeno es más frecuente en el primer trimestre y suele resolverse de manera espontánea. También puede aparecer en otros contextos de desequilibrio hormonal, como la menopausia.

Deficiencia de vitaminas o minerales

La falta de ciertos micronutrientes puede afectar directamente los sentidos. En especial, la deficiencia de zinc está asociada a alteraciones del gusto, ya que este mineral participa en la regeneración de las células gustativas. También pueden influir niveles bajos de vitamina B12 o ácido fólico. Un análisis de sangre permite detectar estas carencias, y su corrección suele revertir el problema.

Trastornos neurológicos

El sistema nervioso es fundamental en la percepción del gusto. Cuando se ven comprometidos nervios como el facial o el glosofaríngeo, pueden aparecer alteraciones sensoriales, entre ellas la disgeusia metálica. Enfermedades como la esclerosis múltiple, el Parkinson o lesiones cerebrales pueden causar este síntoma, aunque generalmente se presenta junto con otros signos neurológicos.

Exposición a sustancias tóxicas o metales

El contacto con metales pesados, como mercurio, plomo o arsénico, puede generar un sabor metálico en la boca, incluso en concentraciones bajas. Esto puede ocurrir en determinados ámbitos laborales o por consumo de agua o alimentos contaminados. En estos casos, el síntoma suele acompañarse de dolor abdominal, fatiga o alteraciones neurológicas.

Enfermedades hepáticas o renales

En patologías crónicas del hígado o los riñones, como la cirrosis hepática o la insuficiencia renal, pueden acumularse en sangre sustancias que modifican la percepción del sabor. En particular, las personas con insuficiencia renal avanzada suelen describir un gusto a hierro o amoníaco en la boca, asociado a la uremia. Se trata de cuadros que requieren seguimiento médico y forman parte de una condición clínica más amplia.

¿Cuándo consultar al médico?

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Si la disgeusia metálica aparece de manera repentina y persiste más de unos días, o si se presenta junto con síntomas como fatiga, pérdida de peso, fiebre o dolor, se recomienda consultar a un profesional de la salud.

También es aconsejable hacerlo ante la incorporación de nuevos medicamentos, la presencia de enfermedades crónicas o la sospecha de una infección viral.

Mientras se identifica la causa, algunas medidas pueden ayudar a reducir la molestia: mantener una adecuada higiene bucal, asegurar una correcta hidratación, estimular la producción de saliva y evitar alimentos muy ácidos o picantes que puedan irritar la mucosa oral.

En la mayoría de los casos, el abordaje adecuado permite que el sabor metálico desaparezca por completo.

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