El famoso caso en Estados Unidos dio un giro tres años más tarde, cuando la Justicia local declaró la exoneración de la niñera ya que no se pudo demostrar que las lesiones cerebrales que presentaba la niña fueran producto del maltrato de la mujer. En consecuencia, la imputada fue deportada a Irlanda, lugar de donde es oriunda. Por su parte, la doctora forense de Boston, Katherine Lindstrom, cambió la causa de la muerte a “hemorragia cerebral de causa desconocida”.
En un principio, McCarthy fue acusada por un gran jurado de homicidio y lesiones, y se le impuso una fianza de 500,000 dólares. Además, se dictaminó que la causa de la muerte era “homicidio por traumatismo”, apuntando a un caso de “bebé sacudido”, la segunda causa más común de muerte entre niños por trauma, responsable del 95% de lesiones cerebrales en menores de un año. Cada año se registran cerca de 1,300 casos en Estados Unidos, según el Centro Nacional sobre el Síndrome del Bebé Sacudido.
En 2016, una corte concedió una indemnización de cuatro millones a los padres de la bebé, que debía pagar su niñera pese a no estar condenada por la muerte. Sabían que ella no tenía el dinero, y no esperaban que lo pagara: sólo querían evitar que pudiera escribir un libro o beneficiarse de un filme sobre el caso.