La investigación determinó que entre 2018 y 2020 Netflix transfirió a Rinsch unos 55 millones de dólares para concretar la serie. Primero recibió 44 millones de dólares y, más tarde, otros 11 millones adicionales para continuar con el desarrollo del proyecto.
Pero, de acuerdo con la Fiscalía del Distrito Sur de Nueva York, el director jamás utilizó gran parte de ese dinero para terminar la serie.
En cambio, desvió los fondos hacia operaciones financieras extremadamente riesgosas, apostando millones en opciones bursátiles y criptomonedas. Cuando algunas inversiones comenzaron a dar ganancias, lejos de reinvertir el dinero en la producción, decidió darse una vida de lujo.
Según la acusación, compró cinco Rolls-Royce, un Ferrari y otros artículos de altísimo valor, además de realizar gastos millonarios completamente ajenos al proyecto audiovisual.
El fiscal federal Jay Clayton fue contundente al explicar el fraude.
"En lugar de usar el dinero para producir la serie, Rinsch realizó inversiones arriesgadas en opciones bursátiles altamente especulativas y criptomonedas, y gastó millones de dólares en artículos de lujo para sí mismo."
Tras un juicio que concluyó a fines de 2025, Carl Rinsch fue declarado culpable de fraude electrónico y lavado de dinero. Este lunes se conoció finalmente la sentencia: 30 meses de prisión, además de tres años de libertad condicional, el decomiso de 11 millones de dólares y el pago de una multa económica.
Durante el proceso judicial, la defensa intentó justificar el comportamiento del cineasta al asegurar que atravesaba "una enorme presión profesional" y un "divorcio increíblemente conflictivo", aunque esos argumentos no alcanzaron para convencer al tribunal.
Así terminó una de las apuestas más costosas y polémicas de Netflix: una serie que prometía revolucionar la plataforma, movilizó ciudades enteras durante su rodaje y acabó convirtiéndose en uno de los mayores escándalos por fraude en la historia reciente del streaming.