La decisión llegó después de un período en el que su peso comenzó a limitar actividades cotidianas. Carolina contó que durante el rodaje de Mis muertos tristes hubo momentos en los que directamente no podía permanecer parada durante mucho tiempo.
“No me daban las piernas”, recordó. Por esa razón, tuvo que modificar incluso la manera de trabajar: “Tuve que grabar Mis muertos tristes, lo grabé sentada un montón de tiempo”.
También describió dificultades para respirar y caminar. La diferencia que encontró meses después fue concreta: durante el Festival de San Sebastián, donde se presentó mundialmente la producción, pudo recorrer la ciudad y permanecer de pie durante períodos que antes le resultaban difíciles.
“Yo ahora puedo estar parada, pude caminar en San Sebastián, pude recorrer. Me faltaba el aire, no podía”, contó.
Su proceso no comenzó solamente ahora. En febrero de este año, Carolina había contado que había llegado a 189 kilos y que estaba evaluando una cirugía bariátrica. En aquel momento explicó que sus objetivos estaban relacionados con cuestiones tan simples como poder sentarse en el piso y levantarse sola, cruzarse de piernas, caminar sin dolor o permanecer parada durante más tiempo.
Incluso había planteado un objetivo que excedía por completo la cuestión de la balanza: “Sueño con no sentir vergüenza de la mirada del otro”.
En su reciente entrevista, Carolina volvió sobre esa decisión y explicó que no siente que buscar un descenso de peso contradiga el mensaje de amor propio que sostuvo durante años.
“Justamente el amor propio tiene que ver con eso”, respondió cuando le plantearon esa posible contradicción.
Y fue todavía más clara al hablar de su propia experiencia: “Yo ya no estaba sana. Podés estar gorda, pero de ahí a estar sana es otro tema”.
La actriz hizo hincapié en que se refería exclusivamente a su situación personal: “No digo que a todos los gordos les pase, era mi caso puntual y yo ya dije: ‘No, basta’”.
Uno de los caminos que evaluó fue la cirugía bariátrica. Según contó, necesitaba alcanzar determinado peso para poder realizarla y, mientras avanzaba en ese proceso, comenzó un tratamiento con las famosas inyecciones, con el farmacológico bajo prescripción y seguimiento médico.
Sin embargo, la medicación le provocó fuertes efectos adversos y decidió suspenderla. “Me hizo pelota, chicos”, relató. Carolina explicó que durante aproximadamente tres semanas tuvo náuseas y ganas constantes de vomitar.
“Tres semanas que no podía, me daba todo ganas de vomitar. Fue terrible”, contó. Ante esa situación, se comunicó con el profesional que la atendía y decidió interrumpir el tratamiento.