Antón no es un héroe clásico ni un personaje idealizado. Es hosco, irónico, a veces brutal en sus formas, pero también profundamente humano. Ese contraste es uno de los grandes aciertos de la serie, que logra construir un protagonista lleno de matices, capaz de generar risa en una escena y emoción en la siguiente. Zahera, con una interpretación medida y potente, logra que el espectador empatice con un hombre que se resiste a cambiar, pero que al mismo tiempo sabe que el cambio es inevitable.
La vida de Antón transcurre entre animales enfermos, granjeros desesperados, pueblos que se vacían y un sistema que parece avanzar sin mirar atrás. En ese contexto, la serie despliega una mirada crítica, aunque nunca solemne, sobre la transformación del mundo rural y el impacto de la modernidad en espacios que históricamente vivieron al margen de las grandes decisiones económicas.
El choque entre dos mundos
La trama se potencia con la llegada de Uxía, la sobrina de Antón, una sofisticada gerente de una boutique de mascotas en Santiago de Compostela. Su desembarco en el pueblo no solo altera la rutina del veterinario, sino que funciona como catalizador de los principales conflictos de la historia. Uxía representa el mundo urbano, el marketing, la estética, las nuevas tendencias y una forma de entender a los animales muy distinta a la del campo.
El choque entre ambos universos genera situaciones tan incómodas como divertidas, cargadas de humor, sensibilidad y una mirada crítica sobre la modernidad. Mientras Antón ve a los animales como parte de un ecosistema productivo y emocional complejo, Uxía los concibe desde una lógica más cercana al consumo y la imagen. La serie no toma partido de manera explícita, pero sí expone las contradicciones de ambos enfoques, invitando al espectador a reflexionar sin perder la sonrisa.
Este contraste es uno de los motores narrativos más eficaces de Animal. A través de diálogos filosos y escenas cargadas de ironía, la ficción logra hablar de temas profundos —como la despoblación rural, el abandono del campo y la precarización del trabajo— sin caer en discursos solemnes ni bajadas de línea evidentes.
Personajes entrañables y animales protagonistas
Otro de los grandes aciertos de la serie es su galería de personajes secundarios. Vecinos del pueblo, clientes habituales, antiguos amigos y rivales circunstanciales conforman un universo coral que enriquece la historia y aporta nuevas capas de humor y emoción. Cada uno de ellos parece sacado de la vida real, con sus manías, sus frustraciones y sus pequeñas alegrías cotidianas.
Pero si hay algo que distingue a Animal de otras comedias es la presencia constante de animales, que no funcionan solo como decorado, sino como verdaderos protagonistas de muchas de las situaciones. Perros, vacas, caballos y todo tipo de criaturas atraviesan la pantalla, generando escenas tan desopilantes como conmovedoras. En varios momentos, la serie logra decir más a través de una mirada animal que con largos parlamentos.
Esta relación entre humanos y animales es tratada con respeto y sensibilidad, evitando el sentimentalismo fácil. La serie entiende que el vínculo con los animales forma parte de una identidad cultural y emocional profundamente arraigada en el mundo rural, y lo refleja con una honestidad poco habitual en la ficción contemporánea.
Una segunda temporada con expectativas altas
La confirmación de la segunda temporada llega en un momento clave para Netflix, que busca consolidar sus producciones locales con proyección internacional. En ese sentido, Animal se convirtió en un ejemplo de cómo una historia profundamente arraigada en un contexto específico puede conectar con audiencias de todo el mundo.
La nueva entrega estará escrita nuevamente por Teresa Bellón y César F. Calvillo, y producida por Alea Media, el estudio responsable de éxitos como Entrevías, Patria y Vivir sin permiso. Esta continuidad en el equipo creativo es una señal clara de que la plataforma apuesta por mantener el tono y la identidad que hicieron de la primera temporada un éxito.
Si bien Netflix no adelantó detalles concretos sobre la trama, todo indica que la segunda temporada profundizará los conflictos ya planteados y llevará a sus personajes a situaciones aún más extremas. La evolución de Antón, la relación con su sobrina y los desafíos del entorno rural prometen nuevos giros narrativos, siempre atravesados por el humor y la ternura que caracterizan a la serie.
El fenómeno de las series españolas en Netflix
El éxito de Animal no es un caso aislado. En los últimos años, las producciones españolas encontraron en Netflix una vidriera global que potenció su alcance y diversidad. Series de distintos géneros lograron traspasar fronteras y posicionarse entre las más vistas a nivel mundial, demostrando que las historias locales, bien contadas, pueden tener un impacto universal.
En este contexto, la renovación de Animal confirma una tendencia clara: el público busca relatos cercanos, con personajes auténticos y conflictos reconocibles, incluso cuando están ambientados en realidades muy distintas a las propias. El humor, cuando está bien trabajado, funciona como un lenguaje común capaz de unir culturas y geografías.
Con su segunda temporada en camino, Animal se prepara para volver a ocupar un lugar destacado en el catálogo de Netflix y, probablemente, en las conversaciones de los espectadores. La expectativa es alta, pero la serie ya demostró tener las herramientas necesarias para seguir sorprendiendo.
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