Una de las versiones más populares remite a San Pantaleón, un médico que abrazó el cristianismo y que, según la tradición, peregrinaba por el norte de Italia ayudando a personas necesitadas.
La leyenda relata que un 29 de diciembre una familia campesina lo invitó a compartir un modesto plato de ñoquis. Como agradecimiento, el santo les anunció tiempos mejores y, antes de partir, dejó monedas debajo del plato, interpretadas luego como un símbolo de bendición y abundancia.
La otra versión está ligada a la vida cotidiana de los inmigrantes italianos que llegaron al Río de la Plata. A fin de mes, cuando el dinero escaseaba, los ñoquis de papa representaban una comida económica y rendidora.
Las familias que estaban en una mejor situación económica solían invitar a quienes recién llegaban o atravesaban dificultades y, como gesto solidario, dejaban algunas monedas bajo el plato. Con el tiempo, esa práctica se transformó en un ritual mensual asociado a la buena suerte y la prosperidad.