Trends

Ocho hábitos de cocina que conviene revisar para evitar intoxicaciones y microplásticos

Pequeños cambios al recalentar, guardar, descongelar y ordenar los alimentos ayudan a reducir riesgos en la cocina diaria.

Ocho hábitos de cocina que conviene revisar para evitar intoxicaciones y microplásticos. (Imagen ilustrativa)
Ocho hábitos de cocina que conviene revisar para evitar intoxicaciones y microplásticos. (Imagen ilustrativa)

La seguridad en la cocina no depende solo de cocinar bien un alimento. También influyen la forma en que se recalienta, se guarda, se descongela y se manipula. Algunos hábitos muy comunes pueden favorecer la multiplicación de bacterias o aumentar el contacto de la comida con sustancias presentes en ciertos materiales, especialmente cuando se combinan plástico y calor.

La buena noticia es que no hace falta cambiar toda la rutina. Con algunos ajustes simples, como elegir mejor los recipientes, ordenar la heladera y separar utensilios, se puede reducir el riesgo de intoxicaciones alimentarias y limitar la exposición a microplásticos en preparaciones cotidianas.

Recalentar y guardar: el calor importa

Uno de los errores más frecuentes es calentar comida en recipientes plásticos dentro del microondas. Cuando el plástico se expone a altas temperaturas, puede desprender partículas muy pequeñas, conocidas como microplásticos y nanoplásticos. Aunque la investigación sobre sus efectos en seres humanos todavía es limitada, algunos estudios de laboratorio y en animales los asociaron con inflamación, estrés oxidativo y alteraciones de la barrera intestinal.

Para reducir esa exposición, conviene pasar la comida a un recipiente de vidrio o cerámica antes de recalentarla. La misma precaución aplica cuando se termina de cocinar: si una preparación está muy caliente, no es ideal llevarla de inmediato a un envase plástico. El calor puede favorecer la migración de compuestos como BPA y ftalatos, además de partículas plásticas. Esperar unos minutos o elegir vidrio o acero inoxidable son alternativas más seguras.

Otro punto clave es el tiempo que los restos pasan fuera de la heladera. Los alimentos cocidos quedan en una zona de mayor riesgo cuando permanecen entre 4 °C y 60 °C, rango en el que las bacterias pueden multiplicarse con rapidez. Como regla general, las sobras deberían refrigerarse dentro de las dos horas posteriores a la cocción. Si el ambiente supera los 32 °C, el margen baja a una hora.

También importa cómo se enfrían. Tapar herméticamente un plato que todavía humea atrapa vapor y humedad, lo que puede generar condensación y demorar el descenso de temperatura en el centro del alimento. Una práctica útil es dividir la preparación en recipientes bajos y poco profundos, dejar que pierda parte del calor y recién después taparla y llevarla a la heladera.

Limpieza y contaminación cruzada

Las tapas herméticas, licuadoras y otros utensilios con juntas de silicona o goma pueden acumular humedad y restos de comida en sus ranuras. Si aparecen manchas oscuras, puede tratarse de moho. Cuando el diseño lo permite, lo mejor es retirar esas piezas, lavarlas con agua y detergente, y dejarlas secar por completo antes de volver a colocarlas.

La contaminación cruzada es otro riesgo habitual. Usar la misma tabla para cortar carne cruda y después vegetales o pan puede trasladar microorganismos a alimentos que quizá no van a recibir cocción. Bacterias como Salmonella pueden quedar en marcas y cortes de la superficie. Para evitarlo, conviene tener una tabla para carnes, aves y pescados crudos, y otra para frutas, verduras, pan y alimentos listos para consumir. Después de cada uso, deben lavarse con agua caliente y jabón o colocarse en lavavajillas si el material lo permite.

Descongelar y ordenar la heladera de forma segura

Descongelar carne sobre la mesada parece práctico, pero no es recomendable. Aunque el centro siga congelado, la parte externa puede superar rápidamente los 4 °C y quedar en condiciones favorables para el crecimiento bacteriano. Las opciones más seguras son pasar el alimento del freezer a la heladera con anticipación, usar el microondas y cocinarlo enseguida, o sumergirlo en agua fría dentro de un envase bien cerrado, cambiando el agua cada 30 minutos.

Por último, el lugar que ocupa la carne cruda dentro de la heladera también cuenta. Incluso en paquetes cerrados, puede liberar jugos con bacterias. Si está en estantes superiores, esos líquidos podrían gotear sobre otros alimentos. Lo más seguro es ubicar carnes, aves y pescados crudos en el estante inferior, dentro de un contenedor o sobre un plato que retenga posibles derrames.

Revisar estos hábitos permite cocinar y conservar alimentos con más cuidado, sin sumar complejidad. La clave está en controlar temperatura, humedad, limpieza y contacto entre alimentos crudos y listos para comer.