Casi un año después de los trágicos crímenes de Delia y Josefa, abuela y tía del músico argentino Fito Páez, la policía encontró unas joyas que pertenecieron a las víctimas en posesión de Walter di Giusti, un joven vecino de las fallecidas.
Casi un año después de los trágicos crímenes de Delia y Josefa, abuela y tía del músico argentino Fito Páez, la policía encontró unas joyas que pertenecieron a las víctimas en posesión de Walter di Giusti, un joven vecino de las fallecidas.
Di Giusti, quien había asistido a la misma escuela que el músico, fue detenido y confesó haber cometido los asesinatos junto con su hermano menor, Carlos.
Además de los crímenes de la calle Balcarce, di Giusti también confesó haber matado a otras dos mujeres, Ángela Cristofanetti de Barroso y su hija adoptiva Noemí.
El asesino intentó hacer una carrera musical como bajista en una banda de heavy metal, pero no tuvo éxito y trabajaba como plomero, oficio que le permitió acceder a la residencia de las víctimas para realizar algunos trabajos.
Di Giusti fue condenado a prisión perpetua y empezó a cumplir su condena en el presidio de Coronda. Su hermano menor, de 18 años en ese momento, fue liberado con supervisión policial.
Sin embargo, durante su estancia en prisión, se le diagnosticó VIH y se le concedió prisión domiciliaria. Por incumplir con las condiciones de su arresto domiciliario, Di Giusti fue devuelto a la cárcel, donde falleció en 1998.
El caso conmocionó al país y a la comunidad artística, ya que Fito Páez era una figura muy conocida y querida en Argentina. El músico se mantuvo alejado de los medios durante todo el proceso judicial y nunca se pronunció públicamente sobre el tema.