De acuerdo con López Rosetti, respetar este intervalo permite que el sistema digestivo avance con su trabajo, para que el organismo no llegue a la noche todavía ocupado con el proceso digestivo.
Dos horas antes: bajar el ritmo mental
En esta etapa, el foco está puesto en la actividad cerebral. Dos horas antes de acostarse, conviene reducir las tareas cognitivas exigentes y aquellas que puedan generar preocupación o tensión.
Esto implica finalizar el trabajo y evitar discusiones o situaciones que mantengan a la persona en estado de alerta. De esta manera, se busca generar un período de transición entre las obligaciones del día y la noche.
Una hora antes: dejar las pantallas
Finalmente, una hora antes de dormir, se recomienda apagar los dispositivos electrónicos, entre ellos el teléfono celular y la computadora.
La intención es disminuir la estimulación asociada al uso de estos equipos y facilitar una transición más tranquila hacia el sueño.
La regla propone así tres cambios progresivos antes de dormir: terminar de comer, bajar la exigencia mental y desconectarse de las pantallas.