Violencia vicaria

Al igual que en España | Hace 20 años, su esposo asesinó a sus hijos por venganza

Adriana García cuenta el infierno que vivió en 2000 cuando Ariel Bualo mató a sus hijos de cuatro y dos años. Un caso similar al de las niñas secuestradas en Tenerife.
Ayelén Bonino
por Ayelén Bonino |
Hace 20 años. A la derecha

Hace 20 años. A la derecha, Adriana García. A la izquierda Ariel Bualo. 

Veintiún años atrás, Adriana García vivió un infierno. El 17 de octubre de 2000, su ex esposo, Ariel Rodolfo Bualo, asesinó a los dos hijos de ambos, Sebastián, de cuatro años, y Valentina, de dos. Se habían separado hacía poco y Adriana lo había denunciado seis veces por violencia en los tribunales de Mar del Plata.

“Yo sabía que se iba a vengar de mí por quererme divorciar, pero jamás pensé que iba a ser tan extremo”, cuenta Adriana en comunicación con A24.com. Hoy, más de dos décadas después, esta mujer da charlas sobre el calvario que le tocó vivir y ayuda a quienes necesitan un refugio en casos de violencia de género.

“Cuando me pasó a mí, me quería ir de mi casa y no tenía dónde. Me escondía en lo de mi hermana o en lo de una amiga”, explica. "El denominador común de estos casos es la venganza a la mujer. Les dicen: 'Te voy a hacer esto para que no te recuperes en tu vida'. A veces, llegan al suicidio para no hacerse cargo”, agrega.

Ariel Bualo, Adriana y un pedido desesperado

El calvario de Adriana comenzó en el año 2000, meses antes del homicidio de sus hijos, cuando se enteró que Bualo era “un acosador sexual compulsivo” y que estaba bajo tratamiento psiquiátrico. Tras años de matrimonio, quiso separase y el pedido derivó en agresiones y maltratos físicos.

“Cada vez que venía, me rompía la casa y el celular. O me tiraba del auto andando. Yo pensaba que mientras me lo hiciera a mí, lo iba a poder manejar”, asegura. En rigor, la primera denuncia que realizó fue en mayo de 2000, en la Comisaría 7ª de Mar del Plata, días después de pedirle al agresor que abandonara el hogar. Las actuaciones pasaron desapercibidas por la Fiscalía Nº 4, a cargo de María de los Ángeles Lorenzo.

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Valentina y Sebastián, los nenes asesinados por Bualo.

Valentina y Sebastián, los nenes asesinados por Bualo.

Por entonces, Adriana reclamaba con desesperación que la Justicia le impidiera a Bualo ver a sus hijos, porque temía por sus vidas. Sin embargo, desde los tribunales la obligaron a mantener el vínculo interponiendo la Ley 24.270 (conocida como ley Apadeshi).

La saña de su ex marido no paró. Escaló hasta el día del cumpleaños de Adriana, que coincidía, además, con el Día de la Madre. “Me dijo que los chicos me iban a dar una sorpresa”, detalla.

Con la excusa de ir a comer afuera, ese 17 de octubre Bualo pasó a buscar a los nenes, los condujo a su departamento, en la calle Bouchard 7200 y, mientras miraban televisión, los asesinó con un cuchillo. Recién al día siguiente, luego de bañarse y comprar cigarrillos, llamó a la policía y confesó.

Horror en Tenerife y violencia vicaria

El secuestro y homicidio de las pequeñas Anna y Olivia en España horrorizó días atrás a la comunidad de la isla de Tenerife, en España. Con una brutalidad extrema, su padre, Tomás Gimeno, se llevó a las nenas, las asesinó y las arrojó al mar.

Los restos de Olivia fueron hallados días atrás y los cuerpos de Anna y de Gimeno -quien se cree que se habría suicidado- siguen sin aparecer. Según la jueza a cargo de la causa, el hombre mató a sus dos hijas para vengarse de su ex esposa, de quien se había separado.

Esta forma de crueldad tiene nombre: se llama violencia vicaria, que se ejerce sobre los hijos para herir a la mujer. Es la misma violencia que Bualo aplicó sobre Adriana.

“Es una violencia secundaria a la víctima principal, que es la mujer. Es a la mujer a la que se quiere dañar y el daño se hace a través de terceros, por interpósita persona”, sostiene en su página una de las precursoras de esta definición, la psicóloga clínica y forense Sonia Vaccaro.

Sobrevivir

“La fiscal a la que yo había hecho las denuncias nunca leyó nada. Hicieron todo mal", recuerda Adriana con respecto a la Justicia. A modo de ejemplo, cuenta que poco después del doble homicidio de sus hijos, recibió una notificación. La Fiscalía Nº 4 de Mar del Plata le informaba que las actuaciones iniciadas a partir de sus denuncias habían sido archivadas por "falta de pruebas".

Finalmente, Ariel Bualo fue condenado a prisión perpetua en 2001. "El móvil de los crímenes fue la venganza hacia su esposa por el abandono que sentía", declararon los integrantes del Tribunal Oral Criminal 3. A lo largo del juicio, psicólogos y psiquiatras diagnosticaron al hombre como un psicópata, aunque consideraron que comprendía la criminalidad de sus actos.

"Durante el juicio, el fiscal Carlos Pelliza me culpó de cómplice moral porque yo le dejé a los nenes. Hace 20 años a mí me hicieron creer que yo tenía la culpa. Me llevó la vida entera entender que yo hice las cosas como pude", afirma Adriana.

En 2018, la Suprema Corte de la provincia de Buenos Aires, le dio la razón. El alto tribunal reconoció la responsabilidad del Estado en el homicidio de los niños, por falta de acción de la justicia y la policía, y “la incapacidad de apreciar la gravedad del riesgo de la situación en la que se enfrentaba” ella y sus hijos.