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¡A leer que se acaba el mundo! El año en que los lectores se amigaron con las librerías de barrio

¡A leer que se acaba el mundo! El año en que los lectores se amigaron con las librerías de barrio
Las librerías y editoriales pequeñas son las que mejor capitalizaron el encierro y reforzaron su vínculo con los lectores.

En marzo y abril, las primeras semanas del confinamiento aparecieron como la oportunidad que todos estábamos esperando para leer hasta el final de los días. Que se venga el Quijote, a desempolvar Crimen y Castigo, ahora sí, Ana Karenina.

Sin embargo, aquel primer impulso se diluyó a medida que el esperadísimo pico de contagios se acercaba. ¿Por qué no puedo leer ni una página? ¿Por qué no me puedo concentrar? El nuevo tiempo no resultó tan fácil como esperábamos.

¿Qué pasó en el camino? Ferias canceladas, festivales renovados gracias a la virtualidad, problemas para la industria editorial, sorpresas para las librerías y las editoriales más chicas.

En abril todavía había esperanzas de hacer la Feria del Libro. Con el diario del lunes, sorprende la ingenuidad de entonces. Fue uno de los primeros eventos masivos que debió suspenderse, aun cuando el calendario ya estaba casi definido.

No hubo tiempo de innovar ni armar nada, la feria pasó sin pena ni gloria y fue el primer gran golpe para la industria, puesto que para muchas editoriales las ventas se concentran en esas semanas en La Rural.

Uno de los libros que iba a presentarse en la Feria fue “Aramburu”, de María O´Donnell, el primer best seller del confinamiento. Escrito a propósito del 50° aniversario del asesinato de Pedro Eugenio Aramburu, O´Donnell construyó un libro que sigue la línea de “Born” y la huella de Montoneros en los años 70. Además de la reconstrucción del caso, se destaca la entrevista de O’Donnell a Firmenich.

Con las grandes librerías cerradas, las editoriales debieron reducir su producción durante el año, o al menos postergarlos. Y el reclamo para la ayuda estatal se redobló a partir de la suspensión del ATP para ciertos rubros

Durante la pandemia el libro digital tomó un importante protagonismo. Así lo explicó a Télam Juan Boido, director editorial de Penguin Random House: "En la Argentina, la inmensa mayoría de los libros se venden en las librerías y dependen de ellas, durante la pandemia se vio un aumento en la venta de los formatos digitales, los cuales no son formatos instalados masivamente en el país, con lo cual es imposible que compense pronto la caída de los libros físicos".

Como contrapartida a eso, las pequeñas librerías y editoriales encontraron en ese vínculo cercano con el lector un salvavidas inesperado.

Sellos como el propio Blatt & Ríos, Godot o el novedoso Chai Editora lanzaron varios de los libros más celebrados de este año. Y en el mismo camino, librerías de barrio, como Céspedes, La Libre, Witolda, Mendel o Mandolina reforzaron su comunidad de lectores, también gracias al surgimiento de clubes de lectura, como Pez Banana o Bukku.

En cuanto a los premios, la poeta Louise Glück ganó el Nobel de Literatura la canadiense Anne Carson (también poeta) se quedó con el Premio Princesa Asturias de las Letras. A nivel local se destaca el “Sor Juana Inés de la Cruz” que ganó Camila Sosa Villada, y el premio de finalista en el “Herralde” que consiguió Federico Falco, por “Los llanos”. También Gabriela Cabezón Cámara fue finalista del premio internacional "Booker", por "Las aventuras de la China Iron".

por Diego Geddes
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