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Caso Cabezas: debe y haber de un documental extraordinario

Netflix | El autor fue compañero del fotógrafo asesinado. Homenaje vs. thriller. Verdad judicial vs. verdad periodística. Las pruebas del país clandestino.
Edi Zunino
por Edi Zunino |
Caso de José Luis Cabezas en Netflix: debe y haber de un documental extraordinario

Caso de José Luis Cabezas en Netflix: debe y haber de un documental extraordinario

Los que conocimos a José Luis Cabezas, trabajamos con él y lo quisimos, lo recordamos todos los días. No es metáfora ni latiguillo. Digo todos los días, porque es todos los días. Debe ser que aquella muerte salvaje de hace 25 años nos marcó para siempre. Debe ser que uno, como profesional de los medios, todos los días está viendo y eligiendo fotos, y la palabra foto, la idea de fotografiar y el hecho de ver gente y situaciones fotografiadas, vienen pegados en la mente con Cabezas. Ahora, ese recuerdo cotidiano se refuerza por la salida del documental (Netflix) “El fotógrafo y el cartero”, por toda la gente querida que llama para comentar que lo vio y la cantidad de colegas que lo invitan a uno a decir algo más de lo que dice en la película.

Antes que nada: el trabajo de Vanessa Ragone y Alejandro Hartman es fantástico. Refrescar un drama tan complejo en 105 minutos, generando tensión, intriga, malestar y empatía sin necesidad de golpes bajos debe llamarse arte, con todas las letras. El documentalismo es un género complejo, que requiere paciencia de historiador, sagacidad periodística y ojo de cineasta. Ragone y Hartman tienen, además, la sensibilidad necesaria para contar un despropósito argentino sin que haga falta ser de este lugar ni de este tiempo para entenderlo y que haga efecto.

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El documental de José Luis Cabezas llegó a Netflix

El documental de José Luis Cabezas llegó a Netflix

Más bien que le faltan cosas. Casi cinco años de vida real -los que fueron desde la primera foto de Alfredo Yabrán a la finalización del juicio oral por el crimen- contienen detalles y sub-historias imposibles de meter en menos de dos horas. El tiempo es tirano, ya se sabe. Y toda tiranía comete abusos. Tal vez, los de “El fotógrafo y el cartero” sean básicamente dos:

• El homenaje le ganó al thriller policial-político. Quienes vivimos la tragedia y aparecemos en la película, no podemos menos que estar agradecidos por el tratamiento respetuoso que dominan el guión y la edición. Sin embargo, como narrador periodístico, me permito preguntarme si al gran público no le llegará una visión algo embanderada y, acaso, un poco “corporativa” de tan embrollado asunto.

• La “verdad judicial” le ganó a los interrogantes y los matices que los tribunales no pudieron resolver. Claro que tener tanto apego a un expediente, más de dos décadas después, merece el reconocimiento de que la principal fuente de información fue respetada con rigurosidad. Aun así, el suicidio de Yabrán, las versiones contradictorias de los autores materiales, las interferencias del poder político en el caso y las internas policiales-judiciales que le dieron contexto, dejaron amplias hendijas por donde se escurrieron verdades que hubieran permitido una reconstrucción más completa y “real” de los hechos.

Reconozco que pueden ser críticas facilistas. Para resolver dichas “falencias”, el documental habría requerido pasar a ser mini-serie, ficcionalizar escenas a falta de archivos audiovisuales, demorar todos los plazos de producción previstos y multiplicar presupuestos, en tiempos de inflación y postpandemia.

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José Luis Cabezas y Edi Zunino.

José Luis Cabezas y Edi Zunino.

Estuve muy cerca de aquella investigación. De hecho, la dirección de la revista Noticias me puso al frente del equipo que llevó el caso durante los tres años que duró la pesquisa judicial. Trabajamos a la par de los abogados. Buscamos fuentes, testigos y pruebas que, rigurosamente, pusimos a disposición del juez antes de ser publicadas. Algunos resultaron contundentes. Por ejemplo, una tarjeta de cumpleaños que acompañaba un jarrón de regalo por parte de Yabrán a un sindicalista amigo suyo y que decía: “Si no te gusta, es para que le rompas la cabeza a algún fotógrafo indiscreto”. El título de tapa fue: “La prueba del odio”. Si quedaban dudas, hasta ahí llegaron.

Igual, es posible que el crimen de José Luis no haya tenido la estricta “confección mafiosa” detallada en el expediente, donde un empresario impartió la orden explícita de matar y sus mandaderos uniformados la cumplieron, fusilando de un tiro en la nuca a un Cabezas puesto de rodillas, como en un ritual. En sus primeros testimonios -que luego fueron cambiando- los delincuentes comunes contratados por el policía Gustavo Prellezo narraron que uno de ellos, Horacio Anselmo Braga, “se puso loquito y lo mató” mientras trasladaban al fotógrafo en el asiento del acompañante del auto que terminaría incendiado con su cadáver adentro. Braga iba sentado atrás de Cabezas. Llevaba el arma criminal, según aquellas mismas declaraciones iniciales.

¿Importa si Yabrán dio la orden concreta de matar? ¿Importa si Prellezo fue quien disparó el 38? A efectos de los hechos, seguramente sí. No, desde luego, en cuanto a las responsabilidades criminales. Quedó consignado que Yabrán había pedido que le eviten “molestias” periodísticas aquel verano en Pinamar. También que su jefe de custodia -el militar Gregorio Ríos- y el mencionado policía se lo prometieron. Y, asimismo, que Prellezo armó una banda que siguió, redujo y secuestró a una persona que acabó asesinada e incinerada para borrar pruebas.

Todos están libres ya. Prellezo estudió Derecho en prisión y quiere que le reconozcan su matrícula de abogado. Se basa en su derecho a la reinserción social. Como si haber sido un policía-delincuente no lo inhabilitara a volver a ser “auxiliar de la justicia” por otros medios.

Si ven el documental, eso les va a quedar bien claro. También la insinuación bastante precisa de un país clandestino que todavía existe, salvando las distancias.

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Los Horneros, los condenados por el caso José Luis Cabezas que hoy ya no están presos.

Los Horneros, los condenados por el caso José Luis Cabezas que hoy ya no están presos.

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