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¿Cómo hacer un texto argumentativo?

¿Cómo hacer un texto argumentativo?

La Retórica de Aristóteles, el padre de la filosofía, es una de las obras más importantes para tener a mano al momento de pensar cómo hacer un texto argumentativo.

Las bases aristotélicas no pasan de moda y arrojan los recursos principales para pensar en la elaboración de este tipo de pensamientos: la lógica (logos), la ética (ethos), y las emociones (pathos), imposibles de diluir en cualquier enfoque crítico. ¿Cómo hacer un texto argumentativo? Leyendo esta nota.

Los géneros iniciales que plantea La Retórica

La retórica planteaba tres tipos de géneros, de acuerdo a cómo se estructuran y organizan las sociedades para cumplir sus objetivos:

  • El deliberativo: con la finalidad de aconsejar y desaconsejar hacia un tiempo futuro, a cargo de los miembros de una asamblea.
  • El judicial: con la finalidad de acusar y defender, enfocado en este caso en el análisis de un tiempo pasado, ejercido por los jueces.
  • Y el demostrativo: con la finalidad de elogiar o reprobar, basado en un tiempo presente, y desarrollado por el público y los espectadores.

En cualquiera de esos casos, la construcción de un texto argumentativo, (a modo de guión, que luego puede reproducirse perfectamente de forma oral), es una clave para llegar al objetivo. El argumento es el sustento crítico de veracidad que poseen este tipo de discursos.

La dialéctica y las opiniones

Las opiniones, o “disputas privadas”, se dan en el marco de la dialéctica, otra forma de diálogo fundamental en el texto argumentativo. Cada postura recibe el nombre de “tesis”, si se fundamenta adecuadamente.

Los usos que se le puede dar a la dialéctica como herramienta tienen que ver con practicar la argumentación, conducir de forma correcta las discusiones y debates, discernir los puntos verdaderos de los falsos y encontrar las proposiciones iniciales de las que siempre nacen los tratados científicos o los postulados más objetivos.

Opinar, en un marco de dialéctica, obliga a los pensantes a desarrollar su mirada crítica tras la búsqueda de argumentos que funcionen como escudos y no lo dejen expuesto a un discurso carente de veracidad o rigor científico.

La verdad y el argumento: la composición de los textos argumentativos.

La composición de los textos argumentativos se basa en dos pilares principales:

  • La verdad
  • El argumento

Para comenzar un planteo argumentativo, se debe tener en cuenta inicialmente cuál es la verdad que se defiende (o que se expone de acuerdo a cada caso).

Esa premisa concreta, esencial y particular, será el núcleo de todo el texto y el eje de coherencia que no se debe abandonar en ninguna instancia o perder de vista.

Olvidar cuál es la verdad sobre la que gira el texto argumentativo hará que el discurso pierda solidez, comience a decaer y vaya perdiendo la batalla.

El argumento, en cambio, es toda la caja de herramientas con la que el ser pensante construye esa verdad. Todos aquellos pilares críticos, científicos, probados y fehacientes que escoge para darle fuerza a la premisa central, y posicionarse como autor de dicha idea.

Una verdad sin argumentos, o muchos argumentos desordenados que no se orientan hacia una verdad concreta, no sirven de nada y no funcionan, bajo ninguna instancia, como un texto argumentativo.

Las técnicas retóricas que conducen a un excelente texto argumentativo

Hay tres grandes técnicas retóricas que fortalecen los textos argumentativos y que es muy útil conocer:

  • El inventio, que establece pruebas, razones y argumentos concretos.
  • El dispositio, cuyo fin es el de convencer y conmover.
  • Y el elocutio, que tiene que ver con la selección adecuada de las formas de enunciación y exposición.

El inventio incluye las instancias de probatio (las bases lógicas, las razones exteriores al discurso), tópica (los contenidos de los razonamientos, los lugares comunes preexistentes, la ciencia y sus archivos, etc.) y la tesis (el asunto central a debatir), entre otros aspectos.

El dispositio abarca todas las herramientas que se rozan entre los actos de convencer y conmover, claves en todo texto argumentativo.

Para conmover, existe el exordio (etapas de comienzo y anuncio del discurso, capturando la atención y complicidad del auditorio e introduciendo de qué va a tratar el discurso) y la peroración, enfocada en el cierre del discurso.

Para convencer, existe el narratio (o exposición), que es básicamente el relato de los hechos y del punto de vista, incluyendo descripciones, y la demostración o prueba, que apunta directamente a las vías de persuasión y la exposición de los argumentos críticos.

El propositio es el núcleo de la discusión, en la que el pensador utiliza estratégicamente la incorporación de la voz de los oponentes (esta técnica es muy frecuente en el discurso político).

Y, finalmente, el elocutio es la forma en la que se da la enunciación, y un escenario clave que podría cambiarlo todo: aunque los argumentos sean sólidos y estén correctamente estructurado según todo lo desplegado anteriormente, si las palabras y el discurso no son los apropiados, como en cualquier ciclo comunicativo, el mensaje no llegará a destino.

En esta última etapa basta con volver a los conocimientos iniciales sobre emisor, receptor, código y posibles interferencias que podrían darse (siendo esta última cláusula tal vez la más importante).

Aunque existan formas más modernas para comprender cómo hacer un texto argumentativo, las bases aristotélicas son siempre las más confiables, ya que fueron las primeras construcciones teóricas sobre este tipo de discurso y proporcionaron a las civilizaciones venideras herramientas increíbles no solo para producir sus textos, sino para comprender los de otros seres pensantes.

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