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Confitería del Molino y su interior, hoy

Confitería del Molino y su interior, hoy
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Después de casi dos décadas cerrado, comenzó la restauración del mítico edificio porteño. Conocé todo sobre la Confitería del Molino y su interior, hoy.

El 24 de enero de 1997, y a ochenta años de su inauguración, la Confitería del Molino cerró sus puertas. Los siguientes veinte años, el famoso edificio sufrió un deterioro importante, no sólo producto del paso del tiempo y la deshabitación, sino también por constantes saqueos. Finalmente, en el año 2014, la Cámara de Diputados aprobó la ley para expropiar el inmueble y comenzar su restauración. En este sentido, son cada vez más las personas que buscan “Confitería Del Molino interior” para ver cómo luce hoy en día.

Más allá de la curiosidad que gira en torno de la búsqueda “confitería Del Molino interior” en Internet, es necesario destacar por qué es tan emblemático este edificio porteño.

Confitería del Molino: Historia del mito porteño

Antes de que la Confitería del Molino existiese, Constantino Rossi y Cayetano Brenna, un reconocido pastelero italiano que se especializaba en la fabricación de pan dulce, eran los dueños de la Confitería del Centro, ubicada en la Avenida Rivadavia y Rodríguez Peña. Luego de que se instalara en las cercanías el primer molino harinero de la ciudad, el establecimiento cambió su nombre a Antigua Confitería del Molino.

Y allí comenzaba el mito.

En 1904, Brenna, quien ya se estaba “separado” de su compañero de ruta, Rossi, compra la esquina de Callao y Rivadavia, y muda la confitería. Para 1911, y luego de que se terminara de construir la Plaza del Congreso, el reconocido pastelero empezó a edificar un nuevo establecimiento que unificaría su propiedad con otras dos: una situada en Avenida Callao 32 y otra sobre Rivadavia 1815. El encargado de la obra fue Francesco Gianotti, uno de los arquitectos más importantes de la época.

Para 1917, Cayetano Brenna inauguraría la Nueva Confitería del Molino, en Rivadavia y Callao, frente al Congreso Nacional. La obra en sí es conocida como una de las más notables de esos años, especialmente por la calidad de los materiales utilizados, muchos de ellos importados.

Destacan los revestimientos de mármol de las columnas y las obras de arte enviadas especialmente de Italia, así como también los manijones de bronce, cerámicas, cristalería y los más de 150 metros cuadrados de vitraux.

Luego de atravesar el golpe de estado de 1930, momento en el que el edificio fue incendiado y posteriormente restaurado, y el fallecimiento de Brenna en 1938, la Confitería del Molino pasaría, a lo largo de los años, por diferentes administraciones hasta finalmente presentar la quiebra y cerrar sus puertas, en 1997.

Expropiación y plan de restauración

Desde que cerró en 1997, la confitería sufrió saqueos, problemas edilicios, y un deterioro difícil de sostener si se tienen en cuenta los 7600 metros cuadrados y las cinco plantas. Fue sobre todo en la última década que los vecinos empezaron a elevar denuncias públicas por el estado del edificio.

Luego de muchas idas y venidas y complicaciones que obstaculizaban la obra, en 2014 se sancionó la Ley 27.009 que aprobaba la expropiación del edificio, transfiriéndose al Congreso de la Nación. También se conformó la Comisión Bicameral Administradora del Edificio del Molino, tal y como indicaba la ley, para finalmente comenzar las tareas de recuperación de la emblemática confitería.

“Estaba todo tapiado. Nos acompañaba la ex dueña y el portero iba con un manojo de llaves abriendo puertas, destrabando cada rincón del edificio en la penumbra total” explicaba a Clarín el arquitecto que encabeza la obra, Guillermo García. Y luego, agregaba: “La planta baja estaba tapiada y los pisos de arriba, todos podridos. Caminábamos con mucho cuidado para no caer por un agujero. Fue una imagen terrible, pero también el puntapié inicial de la recuperación”.

Desde entonces, antropólogos, arquitectos, especialistas, diputados y más de cien obreros se encuentran trabajando en este proyecto histórico. No solo por la carga patrimonial de la Confitería del Molino, sino por el trabajo en equipo de distintas instituciones: la Comisión del Molino, la Dirección Nacional de Planificación y Diseño de Obra Pública, y el Ministerio de Ambiente y Espacio Público del gobierno de la Ciudad.

En resumidas cuentas, a pesar del inmenso deterioro, problemas de humedad, ocupación e inundaciones, ya se han recuperado veintenas de vitrales, se restauraron más de 200 metros de fachada, 150 metros de estucos, y los salones principales volvieron a tener forma. También comenzaron a trabajar en la azotea, el tambor y la mítica cúpula, así como se adecuaron pisos, repusieron carpinterías y repararon los hierros expuestos.

Los 103 años de la Confitería del Molino

Para celebrar los 103 años de la confitería que vio pasar a personajes como Aníbal Troilo, Oliverio Girondo, Niní Marshall, y a Roberto “Polaco” Goyeneche, cerca de cinco mil personas pudieron conocer la Confitería del Molino y su interior, y apreciar los avances de los trabajos de refacción en la planta baja y el primer piso.

Además, como parte del evento, especialistas en metales, vitrales, maderas y restauración exhibieron algunas de las técnicas que implementaron en el lugar.

De todas maneras, toda la atención estuvo puesta en el Salón Principal del primer piso. Con más de 832 metros cuadrados, gracias a las tareas de recuperación, el salón cuenta hoy con un majestuoso piso de madera, columnas de “falso mármol”, cielo raso reparado, y el escenario donde, en aquel entonces, tocaba la orquesta.

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