Por citar un caso, la asociación civil Vientos de Libertad de Argentina, que responde al Movimiento de Trabajadores Excluido (MTE), viene realizando desde hace más de una década tareas de recuperación y rehabilitación de jóvenes con problemas de adicciones. No sólo se dedican a resolver la problemática de manera individual, sino que proponen un abordaje comunitario.
“No tratamos al adicto como enfermo, sino que tratamos de tener una mirada colectiva”, le explicó a A24.com Sebastián Sánchez, uno de los fundadores y coordinadores del proyecto. En la actualidad, manejan 27 espacios de tratamiento de adicciones en todos el país, en ciudades muy populosas como La Matanza, Tandil o Mar del Plata; y en Capital Federal en barrios como Once, Parque Patricios y Chacarita. “Toda crisis económica dispara el consumo de drogas de las chicas y chicos en los barrios más postergados y deja expuesto la falta de apoyo del Estado para determinadas situaciones”, agregó el referente.
Vientos de Libertad cuenta con siete casas donde los adictos pueden quedarse a pasar la noche. Desde que comenzó la pandemia aumentaron de manera llamativa la cantidad de pedidos para poder ingresar a este proceso de recuperación. Con lo cual desde la asociación civil tuvieron que crear tres espacios de aislamiento para garantizar que el adicto pase un tiempo sin síntomas antes de ingresar a cualquiera de las casas con las que cuentan. Estos espacios están en Marcos Paz, Tigre y Luján.
La problemática de las adicciones en los barrios populares fue planteada en la reunión del viernes, donde se le exigió una solución al Estado. Las organizaciones sociales insistieron en describir una realidad latente. Cada día les toca pulsar contra las estructuras delictivas que ofrecen -a los más jóvenes- entrar en el “narcomenudeo” como una efectiva salida laboral frente a la desaparición del concepto de changas que les permitía a muchas familias enfrentar la crisis previa a la pandemia con un poco de dinero en los bolsillos.