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Hoy Marcos se considera uno de los referentes de la ESI, la Educación Sexual Integral, una ley que busca abordar esa temática desde un trabajo trasversal en los distintos contenidos y en todos los niveles educativos. Hacia 2007 vivió una experiencia que lo marcó para siempre. "En la sala había un nene que quería ser princesa. Como yo soy gay, todas las preguntas venían a mí. Creían que yo tenía todo ese conocimiento y no era así".
Marcos recuerda que, con la directora, investigaron para saber cómo acompañar ese pedido. "Él se ponía vinchas, insistía e insistía. Ahí está el tema con las infancias trans, cuando insisten. Yo le pregunté si sabía lo que era ser princesa y me respondió que sí. Y lo acompañamos. Tenía 4 años".
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Lucha por la ESI y acompaña a las infancias trans como maestro jardinero: "Me mandan los documentos con el cambio de identidad de nenitos y nenitas", cuenta Marcos Farías. (Foto: Gentileza Marcos Farías)
Cómo acompaña a las familias
A partir de ahí empezó a recibir consultas de escuelas y familias. "Acompañé a muchos nenes y nenas. Te van contactando. Si no fuera por Gabriela Mansilla, la mamá de Luana, no sabemos a dónde recurrir", dice el docente. Y refiere a la historia de la protagonista del libro "Yo nena, yo princesa" que llegó al cine. Luana fue la primera niña trans en obtener su DNI tras la Ley de Identidad de género, una norma que cumplió diez años.
A lo largo de estos años Marcos transitó distintos momentos de sus historias, incluso sin conocerlos. "Me mandan los documentos con el cambio de identidad de nenitos y nenitas. Son cosas muy lindas", relata. Farías también hace de puente con especialistas que se dedican al abordaje de las infancias trans.
"La mía una profesión hermosa. Muchas personas tienen miedo de seguir esta carrera. Yo soy consiente de que estoy en la Ciudad de Buenos Aires. Pero yo no tengo nada especial ni distinto a mis compañeras. Tengo mucho feeling con las familias simplemente".
Día del maestro y cuál es el mensaje de Marcos
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Mientras recorre momentos de su historia docente Marcos no tiene dudas: siempre se sintió valorado, acompañado, dice. Y nota las diferencias que se vivieron en estas casi dos décadas, desde que empezó a sentarse en sillitas que se despegan pocos centímetros del piso, a cambiar pañales en las salas de los más chiquitos u ordenar libros con tapas de colores.
"Me pasó una vez que algunos papás se quejaban de que sus hijos varones fueran a la sala rosa, que, por ese motivo, tenía los cuadernos con los que nos comunicamos con las familias de ese mismo color. Pero no decían nada sobre mí presencia", cuenta.
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Los tiempos cambian pero ese proceso no siempre se traslada a espacios fuera de la Ciudad de Buenos Aires, asegura Farías. "Incluso acá falta mucho. Un docente o una maestra jardinera trans ¿Dónde los vemos? ¿Por qué no hay? Yo soy uno de los pocos de mi comunidad en nivel inicial ¿Por qué no se ven esas personas que también quieren serlo, tienen sueños y ganas?", reflexiona. Y considera que, si aún las personas trans viven discriminación en otros espacios, como los administrativos "imaginate acá, con niños y niñas".
"Yo soy feliz con mi profesión. Me la paso preparándome, leyendo. Trabajo mucho con las infancias trans. Y ayudo mucho a las familias a que dejen el pañal. Y también con la puesta de límites desde el amor, es algo que ellos mismos piden", asegura.
Después de casi dos décadas de profesión, a veces Marcos se cruza con jóvenes que años atrás pasaron por sus salas. "Tengo una alumna que ahora juega al fútbol y me dijo: 'yo lo hice porque vos una vez invitaste una jugadora'. Me gustaría que los chicos y las chicas tengan la posibilidad de soñar y cumplir eso que quieran. Aunque la escuela siempre los prepara para el trabajo deseo que elijan ese trabajo que les guste. Yo quiero ver personas libres".
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