Durante ese proceso las personas se encuentran eufóricas (incluso aquellos que son más desorganizados y dejan esta preparación para último momento). Es lógico y natural que se manifieste una alegría especial, ya que el objetivo propio del armado de la valija es comenzar unas vacaciones o conocer un país del mundo que siempre fue un sueño para la persona.
Diferentes motivaciones inciden en ese armado: la ropa con la que se quiere salir en las fotografías, las zapatillas para recorrer determinado sendero, toda la documentación y pasaportes con visas para poder ingresar a los distintos estados, los anteojos de sol que taparán la cara cuando haya que salir muy temprano sin maquillaje, etc.
Generalmente, los artículos que las personas siempre se olvidan son aquellos que tienen que ver con la rutina cotidiana y los hábitos domésticos (es que justo a eso es a lo que se quiere renunciar por unos días).
Por ejemplo, la computadora para trabajar desde cualquier parte del mundo, medias, pijama o camisones, ropa interior, o bolsas contenedoras con cierre hermético para guardar cosas y que no se derramen.
En síntesis: toda la alegría que produce palpitar “la previa” a un viaje, se vuelca sobre el armado de la valija. De una forma u otra, el inconsciente forma parte de ese proceso y motiva a las personas a hacerlo lo más rápido posible, o simplemente a tenerlo en su agenda marcado como “algo que hay que hacer”, antes de que se acerque el gran día.
Por el contrario, al regreso, toca la peor parte: desarmar la valija. Y allí es típico y suele ocurrir que las cosas se compliquen un poco y la valija pueda estar tirada en el suelo con las cosas adentro durante más de una semana (algunos más atrevidos aseguran haberla tenido cargada durante un mes sin poder vaciarla y disponerse a realizar tal tarea).
Pero, lo que muchas personas se preguntan y no comprenden es: ¿Por qué es tan difícil desarmar la valija después de un viaje?
Los motivos por los que resulta tan difícil desarmar la valija después de un viaje
Más allá de todo lo obvio y lo que cualquier persona se imagina, existe una explicación de rigor científico que explica por qué es tan difícil desarmar una valija al regreso de un viaje, y cómo personas que suelen ser prolijas y ordenadas durante su vida habitual, descubren una faceta de abandono y dejadez tras este marco de situación.
Y es que, más allá de los candados de seguridad, las etiquetas y los embalajes profesionales que se contratan junto al seguro para preservar la valija y sus pertenencias, ese producto contenedor alberga las emociones del viaje realizado, y trae con él diferentes recuerdos especiales de los que las personas no quieren deshacerse.
Los psicólogos explican que muchas veces las personas atraviesan un estado de depresión al regresar de un viaje y tener que conectarse con la realidad de sus rutinas (¡Incluso aunque les agrade!). Desarmar la valija, es un hecho simbólico que representa haber llegado, haber concluido las vacaciones y tener que enfrentarse nuevamente al trabajo, las actividades domésticas y otras obligaciones.
Además, explican, observarla aún llena da una sensación de nostalgia y conexión constante con el viaje realizado. Una pequeña parte inconsciente dentro de cada persona puja e insiste en que eso suceda.
Lo cierto es que dejar la valija armada llena de cosas o ropa por lavar, puede traer suciedad al resto de la habitación y no es bueno. Como en todo “duelo” o proceso de conexión con la realidad, es necesario poner las manos a la obra y hacerse cargo. Colocar el foco y las energías en el planeamiento del próximo viaje, aunque pueda faltar un año para concretarlo, es una gran alternativa.