“Creo que ha sido la iglesia argentina la que ha llevado a extremos esta discusión como lo hizo en oportunidad del matrimonio civil; cuando lo hizo en el 87 cuando el Presidente Alfonsín elevó al Congreso la ley de divorcio vincular. También en esa oportunidad, se desintegraba la familia. Se decía que iba a haber una catarata de divorcios. Un discurso construido siempre en querer pegar la religión con el Estado, con la patria”. Miguel Angel Pichetto

La frase podría ser el cierre de este debate parlamentario sobre el aborto. Pero no. Fue el 14 de julio de 2010, cuando se votó el matrimonio igualitario.

No es la primera vez que el Congreso es escenario de debates de legislación social que abren polémica y dividen las aguas. Justamente, los debates históricos que cambiaron derechos sociales desde el inicio de la democracia incluyen una pelea con la Iglesia Católica, que en general se opuso a este tipo de cambios.

Los dos debates históricos fueron el del “divorcio vincular” y el del “matrimonio igualitario”. En los dos casos, como hoy, primó la libertad de conciencia entre los legisladores y partió a los partidos políticos; en los dos casos estuvo la Iglesia enfrente; en los dos casos se amenazaba el status quo.

La principal diferencia entre aquellos debates y este es que en los dos casos el Gobierno de turno se involucró personalmente en el debate, promoviendo la nueva legislación; y la ley se aprobó. Con el aborto, el Gobierno promovió el debate pero se declaró “prescindente” y no intervino a favor de la sanción de la ley. Si lo hubiera hecho, seguramente el resultado sería muy distinto.

Matrimonio para todos

La presentación del proyecto de matrimonio igualitario tuvo el aval de Cristina y también de Néstor Kirchner que en ese momento era diputado. El tema tuvo un trámite relativamente rápido en Diputados, donde se aprobó con una mayoría clara: 126 a 110. Como hoy en Diputados, los bloques dieron “libertad de conciencia” con lo cual cada uno votó según sus convicciones y no por pertenencia partidaria.

En el FpV, por ejemplo, que llevaba la bandera del voto a favor, tuvo 46 apoyos y 29 rechazos. En la Coalición Cívica fueron 16 a 1 (más 2 abstenciones). El socialismo aportó 6 votos. El mayor rechazo estuvo en el llamado “peronismo federal”: 22 en contra y solo 6 a favor.

Como pasó en Diputados con el debate por el aborto, el peso de los grandes centros urbanos se hizo sentir para que se consiguiera una mayoría sólida.

Pero el tema se complicó en el Senado. En primer lugar, la presidenta de la Comisión cabecera sobre la cuestión era Liliana Negre de Alonso, una ladera de Adolfo Rodríguez Saá de explícita pertenencia al Opus Dei. Una senadora con mucha experiencia que usó todas las herramientas legislativas legales para intentar demorar el debate.

Planteó así audiencias federales y el Senado comenzó a recorrer el país para pedir opiniones a especialistas. Cuando llegó el momento del dictamen, el “no” consiguió el dictamen de mayoría. Parecía que todo se caía.

Los poroteos previos indicaban que ganaba el “no”. Los dos partidos mayoritarios tenían dirigentes trabajando para la aprobación. Pero el rol de Cristina Kirchner fue fundamental para destrabar ese empate técnico porque se llevó de viaje a China a dos senadoras que iban a votar por el “no”: Marina Riofrío (FpV-San Juan) y Ada Itúrrez (FpV-Santiago del Estero).

Durante el debate se expusieron argumentos de lo más extraños: que la homosexualidad era uno de los 7 pecados capitales, que se discriminaba a las mujeres, que se discriminaba a los hermanos de dos matrimonios diferentes, que la ley daba mejores derechos sucesorios para “homosexuales y lesbianas”…

Hablaron 50 de los 72 senadores en un debate que duró 14 horas. Varios senadores revelaron sus posturas finales en el mismo recinto. A las 4.07 terminó el debate y se votó.

Como el dictamen de mayoría fue de rechazo primero se votaba el “rechazo” a la ley: el “no” (al rechazo, es decir el “sí” al matrimonio igualitario) ganó con lo justo: 33 a 30 con 3 abstenciones  clave en el oficialismo. También hubo muchos ausentes, incluso entre quienes habían estado en el recinto antes hablando en contra de la ley.

En la votación definitiva, algunos senadores se enojaron y se fueron y la ventaja del sí (al matrimonio igualitario) se estiró un poco más. 33 a 27 fue el resultado final.

La ley del divorcio

Más atrás en el tiempo, en 1986, el Presidente Raúl Alfonsín promovió un proyecto en el Congreso que daría que hablar: la ley de divorcio vincular. Visto en retrospectiva suena imposible pensarlo. Pero hasta ese entonces no había posibilidad de divorciarse en la Argentina. El matrimonio era ¡En serio! para toda la vida, quieras o no.

Eran tiempos más tranquilos y de menos vorágine informativa. No había canales de noticias, ni transmisión Youtube e incluso los parlamentarios conocían menos de filibusterismo (trampas parlamentarias para demorar o cambiar una votación).

El debate duró en total 10 meses. En Diputados, como siempre, el nuevo derecho (el divorcio) tuvo un trámite más sencillo. El divorcio ganó por 176 a 36. Hasta se dieron el lujo de pasar a un cuarto intermedio a las 12 de la noche, para terminar de votarlo en particular al día siguiente.

Otra vez la cosa se complicó en el Senado donde una parte importante del peronismo se abroqueló contra el proyecto.

"El vínculo matrimonial no puede ser sino perpetuo. Hablar de un vínculo disoluble o revocable es sencillamente imposible. Llevo casi 42 años de matrimonio y no me arrepiento. Si tuviera que casarme de nuevo, buscaría a la misma mujer".

criticó el jefe de bloque del PJ en el Senado Vicente Saadi.

Como en aborto y matrimonio igualitario, tampoco el dictamen fue favorable en comisión. El despacho de mayoría era por el rechazo al divorcio. También se votó primero el rechazo al proyecto. La primera votación fue 14 a 26.

Entre los que votaron rechazando el divorcio, estaba Alberto Rodríguez Saá (el mismo que ahora gobierna San Luis). La mayoría de los rechazos vinieron del norte del país.

Luego se votó el segundo despacho y ahí sí salió 26 a 14. Como en Diputados, ya que era un poco tarde, se pasó a un cuarto intermedio para votar al día siguiente en particular. El proyecto se aprobó con cambios y faltaba un último paso: la vuelta a Diputados

Recién el 3 de junio de 1987, cuando Diputados aceptó los cambios del Senado, el divorcio fue ley. Tardó casi un año, pero la Argentina se sumó a una tendencia internacional: ya no era Dios sino las personas los encargados de ratificar el vínculo matrimonial.

Si a la distancia uno repasa los argumentos de quienes se opusieron a ambas leyes, parecen completamente ridículos. ¿Por qué el Estado debe obligar a dos personas a estar juntas aunque no quieran? ¿Por qué el Estado debe prohibir que contraigan matrimonio dos personas adultas que se aman?

Lo que se define este miércoles en el Senado tiene características similares. Es el derecho de las madres (y de los padres) a elegir cómo y cuándo traer un hijo al mundo. Y que no haya dioses que lo decidan por uno. #QueSeaLey.