Se la mostró su mamá, que es nutricionista, y quedó fascinado. Fue tanta la emoción de Gabriel que logró graduarse de la universidad antes de tiempo y con ayuda de su familia empezó a producir su propia leche vegetal. Hoy, tres años después, está por abrir un local en Palermo con 600 productos de 60 marcas distintas que ya vende en una tienda online junto a Vivet, su propía línea de alimentos veganos que ya cuenta con más de 13 etiquetas diferentes.
Arrancó en 2016 desde su casa. Ahí se puso a buscar por internet recetas para hacer leches vegetales sin saber nada de cocina. Sus primeras mezclas las preparaba con una licuadora que después su familia, cual conejito de Indias, iba probando como experimento. "Justo ahí terminé en ese año los dos años de carrera que me faltaban. Como ya quería emprender me propuse hacer dos años en uno. Lo terminé consiguiendo e hice mi tesis sobre el mercado de la leche de vegetales. Y en 2017 con un amigo que me dio una mano en la parte de la producción empecé con el emprendimiento Vivet", resume Gabriel sobre la marca que él mismo fundó.
Al principio, su empresa funcionaba a pulmón. "Dos personas hacíamos absolutamente todo: íbamos con mi auto dietética por dietética ofreciendo las leches y después llamaba a cada uno para tomarles pedidos. Así se fue expandiendo la ola, que se hizo muy grande", cuenta. Como su leche de castañas gustó después sacaron otros productos, entre ellos una especie de quesos crema hechos con castañas y su Sirius -una Nutella vegana a base de castañas de cajú. El último producto que lanzaron es Placer, una línea de postres del estilo 100% naturales y vegetales.
"Lo más difícil fue armar el emprendimiento, el equipo, juntar el capital para comprar máquinas, avanzar en un emprendimiento tan grande cuando la sociedad entera dice que está en crisis, que no hay que emprender, que no hay que gastar. Ir en contra de la corriente es lo más difícil. Pero una vez que vos decidís algo y tenés un propósito tan fuerte, todo se vuelve fácil. Lo más difícil del proyecto fue el principio, cuando éramos sólo dos personas y por ahí pasaba 24 horas seguidas trabajando en Vivet. Una producción te salía mal y había que volver a empezar o mismo encontrar un lugar donde enfriar todo eso. El principio fue muy, muy, muy difícil, pero yo lo disfrutaba porque sabía que era lo que tenía que hacer para empezar a mover una bola gigante que luego con el tiempo se iba a acomodar y equilibrar", resume el licenciado.
Dice que a él le tocó entender de chico "que la leche de vaca no era sólo mala para mí, sino para todos: para los animales, para el medioambiente, y que también para el cuerpo humano no es tan saludable como nos suelen decir. Hoy unos años después lo estamos viendo, en gran parte gracias a mucha gente que comienza a dudar de todo lo que nos dijeron sobre la leche de vaca". Además, aclara que su pasión y fuerza de voluntad se mantuvieron desde el momento cero porque realmente sabía "que la sociedad necesitaba una alternativa a la leche". Al momento, este fue su primer y único trabajo. "Siempre mi foco estuvo en emprender, seguir mi camino y mi instinto. Creo que todos tienen una canción adentro, y que cuando encendés tu música interior todo se vuelve más fácil. Lo mejor antes de empezar cualquier cosa es conocernos a nosotros mismos, saber cuál es nuestro propósito. Una vez que sabés cuál es tu pasión, tenés que dedicarte de lleno a eso y ver de qué manera le podés mejorar la calidad de vida a los demás", aconseja.