Historias

Genie Wiley: la "niña salvaje" que fue atada y encerrada durante 13 años

Víctima de un padre violento, su caso conmocionó a Estados Unidos en la década del 70. Durante su adolescencia, Genie Wiley fue sometida a innumerables experimentos y abandonada en hogares temporales.
Ayelén Bonino
por Ayelén Bonino |
Genie

Genie, la "niña salvaje" que conmocionó a Estados Unidos. 

Fue uno de los peores casos de violencia infantil en Estados Unidos. Ocurrió durante la década del 60 en un tranquilo barrio residencial de Temple City, California. Víctima de un padre golpeador, Genie Wiley creció como una niña salvaje: pasó más de una década atada, encerrada y casi sin contacto humano ni estímulos.

Para cuando cumplió 13 años y su historia fue descubierta, la pequeña no podía hablar ni caminar, tenía incontinencia y tampoco podía enfocar sus ojos ni extender sus extremidades.

En su adolescencia, Genie fue derivada a hogares adoptivos y sometida a interminables experimentos médicos. Su delicado estado conmocionó al país y sus estudios desataron una guerra de acusaciones entre investigadores y científicos.

¿Quién es Genie Wiley, la "niña salvaje"?

La vida de la familia Wiley fue una crónica de abusos. El padre de Genie, Clark Wiley, creció en hogares de adopción en el noroeste del Pacífico y trabajó como maquinista de aviones en Los Ángeles después de la Segunda Guerra Mundial. En los '50, se casó con Irene Oglesby, una migrante 20 años menor.

El hombre era agresivo y no quería tener hijos. Sin embargo, con el tiempo, Irene quedó embarazada de una nena que murió a los meses luego ser dejada durante horas en un garaje frío. El segundo niño que la pareja tuvo perdió la vida dos días después del parto tras ahogarse con su propia saliva. Poco después, llegó un tercer chico al que llamaron John, y cinco años más tarde nació una nena, conocida como Genie.

En el hogar se vivía un clima de violencia. La situación empeoró en 1958, cuando un conductor ebrio mató a la madre adoptiva de Wiley y el hombre se llenó de ira. Por esos años, encerró a su hija de 20 meses en una habitación aislada, oscura y vacía, y la ató de pies y manos a una silla con un orinal. Por las noches la sujetaba con una bolsa de dormir para que no pudiera moverse y la colocaba dentro de una especie de cuna tapada con alambre.

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Genie Wiley, la

Genie Wiley, la "niña salvaje", a poco de ser rescatada de los abusos de su padre.

Su padre le prohibía a Genie llorar, hablar o hacer ruido. Si lo hacía, la golpeaba con un palo de madera. La pequeña solo podía ver el cielo y una parte de la casa de los vecinos a través de un hueco en las ventanas tapeadas de su pieza. Su hermano y su madre, que sufría problemas de la vista, también tenían prohibido salir de la casa. Estaban igualmente aterrados por ese hombre que se paseaba con una pistola en la mano para intimidarlos.

Todo cambió cuando la niña cumplió trece años e Irene decidió huir junto a ella. Por esos días, se presentaron en las oficinas de asistencia social de Los Ángeles y los empleados se percataron de la extraña preadolescente que balbuceaba, usaba pañales y pesaba 26 kilos. Alertaron a las autoridades y Wiley fue acusado de abuso infantil. Un día antes de presentarse ante la Corte, el hombre se pegó un tiro. Dejó una nota en la que decía: “El mundo nunca lo entenderá”.

Genie y un experimento fallido

Genie fue trasladada al hospital de niños de Los Ángeles y de inmediato pediatras, psicólogos y lingüistas solicitaron examinarla. Afirmaban que su caso era una oportunidad única para analizar el desarrollo del cerebro y el habla. El Instituto Nacional de Salud Mental (NIMH) donó los fondos para la investigación y, a partir de 1971, un equipo a cargo de David Rigler utilizó a la nena como caso de estudio sobre las consecuencias del aislamiento.

A partir de ese momento, realizaron diferentes experimentos y comprobaron con rapidez que Genie podía decir palabras como “basta” y “no”, aunque en general permanecía en silencio. Para moverse, la niña realizaba una especia de salto de conejo, con las manos en forma de “c” a la altura de su pecho, como si agarrara una baranda.

Los médicos consideraron que era una de las personas más dañadas y abandonadas que habían visto. Sin embargo, su progreso inicial fue alentador. Aprendió a jugar, masticar, ir al baño y vestirse. También amplió su vocabulario y comenzó a dibujar figuras para comunicar lo que no podía decir en palabras.

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La historia tuvo un nuevo giro a principios de la década del 70, cuando algunos de los especialistas que trabajaban con la pequeña comenzaron a vinculase de forma afectiva con ella. Susan Curtis, recién graduada en lingüística teórica, fue miembro del equipo. "No estaba socializada y su comportamiento era desagradable, pero simplemente nos cautivó con su belleza", contó tiempo atrás en una entrevista a ABCNEWS.com.

Jean Butler, maestra de guardería de Genie, quiso tomar a la nena bajo su protección, aunque su petición para adoptarla fue rechazada. De inmediato, profesionales del equipo la acusaron de buscar fama. En 1971, Rigler, el director de la investigación, se convirtió junto a su esposa en el tutor legal de la menor. Con él, la niña aprendió lenguaje de señas y siguió progresando, hasta que en 1975 los fondos del NIMH se cortaron y los Rigler terminaron su cuidado.

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Genie Wiley, la niña salvaje, durante la investigación.

Genie Wiley, la niña salvaje, durante la investigación.

A partir de ese momento, Genie comenzó a circular por hogares transitorios y su progreso comenzó a revertirse. En 1977, fue readmitida en el hospital de niños de Los Ángeles por dos semanas y pudo contar en lenguaje de señas cómo sus padres temporales la habían castigado por vomitar. Después de ese incidente, nunca más volvió a hablar. Una vez más, fue enviada a otro hogar temporal donde también fue maltratada.

Cuando cumplió 18 años, su madre pidió a la corte que retirara los cargos de abuso que también pesaban contra ella y tomó la custodia de Genie, aunque fue por poco tiempo. Según Los Ángeles Times, la mujer trabajaba como "empleada doméstica" y se dio cuenta que no podía atender las necesidades de la adolescente.

En 1978, después de una cirugía de cataratas, Irene solicitó otra vez la custodia y obtuvo la tutela legal de su hija, pero para entonces Genie había sido colocada en un hogar de cuidado para adultos. Su madre denunció, además, a los investigadores. Pidió que pararan con los estudios y que se retirara a la joven de la vida pública.

¿Dónde está Genie, la "niña salvaje"?

Cinco décadas después, no se sabe si Genie está viva, aunque se cree que sigue bajo el cuidado de instituciones para adultos y que su ubicación es secreta. En rigor, alrededor del año 2000 se supo que vivía en una instalación privada para personas mentalmente subdesarrolladas.

“Estoy segura de que todavía está viva porque pregunté cada vez que llamé y me dijeron que estaba bien”, dijo Susan Curtis tiempo atrás en una nota a The Guardian. “Nunca me dejaron tener contacto con ella. Me volví impotente en mis intentos de visitarla o escribirle. Mi último contacto fue a principios de la década de 1980 ", afirmó.

La historio de Genie conmovió a todos los que se involucraron con ella. Su hermano John dijo a ABC News en 2008: “Siento que a veces Dios me falló. Quizás yo le fallé a ella". Durante el reportaje, el hombre contó que vio a Genie por última vez en 1982 y que perdió el contacto con su madre, que murió en 2003. “Traté de sacar a (Genie) de mi mente por la vergüenza. Pero me alegro de que haya recibido ayuda”, expresó.

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Genie Wiley. una de las últimas imágenes que se conocen durante su adultez.

Genie Wiley. una de las últimas imágenes que se conocen durante su adultez.

Russ Rymer, un periodista que cubrió el caso para el New Yorker y que escribió el libro “Genie: a Scientific Tragedy”, logró conseguir fotos de la joven durante su fiesta de cumpleaños número 27. Según detalló, en ellas se ve a “una mujer grande y torpe con una expresión facial de incomprensión parecida a la de una vaca. Sus ojos se enfocan mal en el pastel. Su cabello oscuro ha sido cortado de forma irregular en la parte superior de su frente, dándole el aspecto de una reclusa de un asilo ".

El hombre, que siguió la noticia por décadas, también se vio afectado por la historia. “Fueron años intensos y perturbadores. El caso se apoderó de mi vida y mi cosmovisión. Me dejó conmocionado. Tal vez sea cobardía, pero me sentí aliviado de poder apartarme de la historia porque cada vez que entraba en esa habitación (donde creció Genie), era insoportable".

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