La caza de ballenas seguirá siendo restringida, pero la discusión sobre su legalidad abre una grieta cada vez más profunda
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La caza de ballenas seguirá siendo restringida, pero la discusión sobre su legalidad abre una grieta cada vez más profunda

Mientras acá estábamos con el dólar, la inflación, el recorte de ministerios, la bacteria fatal, los despidos en el Posadas, la –no- condena a Billy Oyarzún, la salida de Lorenzetti de la presidencia de la Corte (solo por nombrar algunos de los temas que maneja un argentino promedio), una comisión de la Cancillería Argentina participaba activamente de un debate de primer mundo, relacionado con la caza de ballenas.

Sucede que en Florianópolis –la más argentina de las playas de Brasil- se reunió por 67° vez la Comisión Ballenera Internacional (CBI), un organismo multinacional que define, entre otras cuestiones, si se legaliza la caza de ballenas.

Pero no pensemos en una reunión de diplomáticos de carrera, con toda la formalidad que eso incluye, enfundados en trajes de etiqueta y ansiando el calor de las playas que los rodeaban.

Lo que se discutió durante toda esta semana fue una puja de intereses muy áspera, con la participación activa de las asociaciones de proteccionistas y también de personajes que parecen sacados de un cuento: los capitanes de los barcos cazadores de ballenas.

Actualmente la caza está permitida únicamente con algunas excepciones: a ciertas comunidades autóctonas se les permite cazar porque se entiende y acepta que eso forma parte de su cultura y lo hacen para la subsistencia.

También está permitida la caza de ballenas bajo ciertos parámetros ligados a la investigación, aunque muchas naciones usa la investigación como excusa para después comercializar los mamíferos. Japón, por ejemplo, recibió duras críticas de asociaciones ambientalistas por haber cazado 177 ballenas del Océano Pacífico bajo este régimen de investigación.

Japón es justamente una de los países que luchan por liberar esos cupos y permitir alguna otra forma de caza, más vinculadas a lo comercial. Cuenta con el apoyo de Islandia y Noruega, aunque no ha logrado los consensos para permitir esa posibilidad.

"La ciencia es clara: hay ciertas especies de ballenas cuya población es lo suficientemente robusta como para ser faenadas de manera sostenible", dice la propuesta japonesa presentada por su representante, Hideki Moronuki. Japón es una nación de peso en la CBI. Joji Morishita es actualmente el presidente de la comisión.

Sin embargo, durante esta semana de debate la CBI votó ampliamente para restringir la caza comercial y permitirla solo para ciertas comunidades.

Patrick Ramage, del Fondo Internacional para el Bienestar Animal (IFAW), dijo que la declaración era "una gran victoria para las ballenas y una clara señal de intención", según dijo a la agencia AFP, que le dio amplia cobertura al tema durante la semana.

"La CBI ha evolucionado de un antiguo club de balleneros a un organismo de conservación con visión de futuro. Las naciones a favor de la caza de ballenas no han avanzado", agregó.

La CBI votó por 68 a 7 para establecer una cuota de captura de cientos de cetáceos minke, ballena jorobada y de Groenlandia durante los próximos seis años para las comunidades en Alaska, Rusia, Groenlandia y Bequia, en San Vicente y las Granadinas.

"Primero que todo quiero dar gracias a Dios por el resultado de la votación”, dijo Crawford Patkotak, de la Comisión Ballenera Esquimal de Alaska. "Esto significa mucho para nuestra gente, vivimos en condiciones duras, este es un gran día para nosotros, la gente del norte", añadió.

El capitán Paktotak representa a 150 capitanes cazadores de ballenas en 11 ciudades esparcidas en 1.000 millas náuticas de Alaska del Norte. "Esto es algo por lo que nosotros hemos luchado muchos años, para ver este día en el que podemos vivir en paz nuestras vidas, sin ansiedad para proveer de comida a nuestra gente".

Sin embargo, incluso esta concesión para las comunidades autóctonas fue criticada: la Fundación Whaleman, con sede en Hawai, dijo que las comunidades de Makah en Alaska y Bequia "no tienen una verdadera necesidad de subsistencia" y no deberían tener cuotas para matar a las ballenas. La isla caribeña de Bequia, por ejemplo, recibió una cuota para cazar cuatro ballenas por año.

Los países que impulsaban la caza no lograron su objetivo pero sí consiguieron trabar la votación que promovía el país organizador –Brasil- para crear un área protegida para la conservación de ballenas.

El Santuario de Ballenas del Atlántico Sur, una propuesta que ya había sido impulsada hace 15 años, fue respaldado por 39 países y rechazado por 25 votos, con la abstención de otros varios, por lo que no obtuvo la mayoría necesaria de tres cuartas partes de los 89 miembros de la organización.

La idea de crear un refugio en el Atlántico Sur para los mamíferos marinos en peligro de extinción era apoyada por la delegación argentina, junto a Uruguay y Sudáfrica, entre otros países.

Y había sido desarrollada en un documento al que accedió A24.com, elaborado por los países sudamericanos, agrupados bajo la denominación Grupo Buenos Aires, en un encuentro que se hizo a principios de agosto en Santiago de Chile.

Pero la idea del santuario finalmente no prosperó, y la división entre los países que promueven la caza y los conservacionistas se vuelve una historia repetida en cada una de estas reuniones de la CBI.

"El problema es que a menudo un lado niega al otro. Si podemos cambiar el paradigma de la negación mutua al respeto mutuo, creo que la CBI todavía seguirá teniendo un espacio para trabajar o un rol que cumplir", indicó Morishita. La grieta sí que no es solo una cuestión argentina.