La escena se repite en las sedes del Pami a lo largo del país: jubilados haciendo filas interminables, soportando largas horas de espera y enfrentando la falta de respuestas claras. La sede de Córdoba no fue la excepción, y las historias de quienes esperaban su turno son desgarradoras.
“Vengo porque no me dan la medicación, y los médicos no me atienden hasta febrero o marzo. ¿Cómo se hace? ¿Tengo que enfermarme y quedarme dura?”, reclamó indignada una mujer en la fila. Según relató, necesita una cirugía en el pie, pero la falta de atención médica y la retirada de medicamentos la dejan sin opciones. “Ni con la morfina me calman los dolores. Voy a quedarme sin caminar”, explicó entre lágrimas.
Otro de los puntos más criticados por los adultos mayores es la falta de claridad en los nuevos requisitos para acceder al subsidio. Muchos no comprenden cómo gestionarlo, y quienes intentan hacerlo se enfrentan a trabas burocráticas que parecen diseñadas para excluirlos. La falta de asistencia personalizada y el trato deshumanizante agravan aún más la situación.
El impacto económico es alarmante: los costos de medicamentos como insulina, anticoagulantes y analgésicos esenciales superan por mucho las posibilidades de los pensionados. Esto deja a muchos con la decisión de prescindir de algunos tratamientos, poniendo en riesgo su salud.